No hay clase en este día de luto. Los estudiantes, padres y profesores de la escuela Joseph-König-Gymnasium en Haltern lloran por sus 18 muertos. En los escalones de la escuela arden ya desde ayer cientos de velas, que cada vez son más y más. Mientras, los estudiantes se acercan a depositar flores.
La tranquila ciudad a unos 80 kilómetros de Düsseldorf, en el oeste de Alemania, apenas puede creer aún la terrible tragedia del Airbus de Germanwings que se estrelló ayer en los Alpes franceses, un accidente que ha sumido en el dolor a la ciudad. Sus 16 estudiantes y dos profesoras que viajaron a Barcelona hace una semana en un viaje de intercambio para aprender español no regresarán nunca más.
«Haltern está conmocionada», comenta la portavoz de la policía, Ramona Hörst. «La ciudad está sumida en una gran tristeza, los estudiantes están muy afectados y callados».
Las clases se interrumpieron al confirmarse la noticia de la catástrofe. A la mañana siguiente el colegio se ha convertido en el lugar al que los estudiantes y profesores acuden para intentar lidiar con el dolor unidos. Con semblantes pálidos entran en las instalaciones de la escuela de enseñanza secundaria.
La noticia de la tragedia corrió como la pólvora entre los vecinos, muchos de los cuales acudieron hoy a primera hora a la iglesia en el centro de la ciudad para abrazarse, sólo el sollozo de una joven rompió el silencio.
La consternación se podía sentir en todos los rincones. «Una de cada dos personas con la que te cruzas, llora. La ciudad es pequeña, todos saben lo que ha sucedido y no pueden entenderlo», comenta Laura Jungblut, una joven de 22 años que trabaja cerca de la escuela.
Nada volverá a ser lo mismo. «Es increíble. Desde ahora los niños ya no volverán a estar aquí. Y las profesoras tampoco», comenta por su parte Karin Keysselitz.
La mujer de 45 años es madre de uno de los estudiantes de la escuela Joseph-König-Gymnasium a quien una de las profesoras fallecidas daba clases. «Cuando uno oye este tipo de tragedias, suelen ser muy lejanas. Ahora ha caído sobre nosotros».
Como para muchos de los estudiantes, para su hijo también es importante estar en la escuela un día como éste. Es importante hablar ahora, reconoce esta madre que quiere depositar con una amiga tulipanes blancos en el colegio. Las dos mujeres se encontraron poco antes en la estación entre lágrimas y, juntas, abrazadas, acudieron al edificio.
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«De repente los niños ya no están más aquí»
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