Inflación, caída del paro y aumento de beneficios empresariales: llega la hora de que suban los salarios

Empleo trabajo cocina cocinero paro

Trabajadores de un restaurante

Eurostat confirmó ayer que la inflación cerró diciembre en el 5%, su tasa más alta desde la puesta en marcha de la eurozona. Sin embargo, los salarios registraron el año pasado su crecimiento más bajo en décadas. Una fuerte pérdida de poder adquisitivo que los analistas de ING esperan que se revierta en los próximos dos años, con subidas salariales de entre el 3% y el 3,5%.

De acuerdo con las últimas cifras disponibles, el crecimiento de los salarios negociados alcanzó en el tercer trimestre de 2021 años su cifra más baja en décadas (1,3% interanual). “Sin embargo, si el mercado laboral es un indicador retardado, la evolución salarial es la madre de todos los indicadores retardados”, avisan Bert Colijn y Carsten Brzeski, analistas de ING, en una nota. “De cara al futuro, esperamos que el crecimiento de los salarios se acelere significativamente en 2022 y 2023 hasta situarse en torno al 3,5%, ya que los principales factores de crecimiento salarial apuntan a un fuerte aumento”.

El primero de estos factores es la recuperación del empleo en todo el bloque comunitario, que ha sido más rápida que en anteriores crisis gracias en buena medida a los esquemas de protección (como los ERTE en España). “No se ha materializado un aumento significativo del desempleo estructural y ahora esperamos que el desempleo continúe su tendencia a la baja en el próximo año, ya que las expectativas de contratación de los empleadores siguen siendo muy fuertes para el comienzo de 2022”, apuntan los expertos del banco holandés, que creen además que “la escasez de mano de obra seguirá siendo un tema económico dominante en 2022”.

Otro de los argumentos a favor de la subida salarial es la propia inflación, que “potencia las reivindicaciones sindicales”. “La fijación de los salarios en la zona del euro se realiza principalmente a través de los convenios colectivos y la inflación es un factor importante utilizado en estas negociaciones”, señalan Colijn y Brzeski. “El poder adquisitivo se ve actualmente mermado por una inflación que se encuentra en su nivel más alto desde la década de 1980, y los salarios negociados en la eurozona han seguido históricamente la evolución de la inflación”.

Ya en el pasado, “los sindicatos han utilizado las tasas de inflación reales o el objetivo de inflación a medio plazo del BCE en el proceso de negociación. Ambos solían estar muy cerca el uno del otro”, recuerdan los expertos, y “en las actuales rondas de negociación, se espera que las tasas de inflación actuales y la pérdida de poder adquisitivo desempeñen un papel más importante que en el pasado”. Además, “es probable que la escasez del mercado laboral aumente el poder de negociación de los sindicatos, que pueden dar prioridad a los salarios más altos frente a la seguridad del empleo”.

Pero más allá de factores como la escasez de mano de obra y el poder adquisitivo, otro importante motor del crecimiento salarial en la eurozona es “si las empresas pueden permitirse aumentos salariales”. En la coyuntura actual, los analistas de ING también ven vía libre: “los beneficios empresariales han mostrado un repunte especialmente fuerte desde la reapertura de las economías a mediados de 2020, lo que sugiere un amplio margen para una mayor remuneración de los trabajadores a lo largo de 2022”.

Por último, influyen también las subidas de los salarios mínimos. Países como Alemania, Francia o España elevarán este año los salarios mínimos, una medida “que generalmente también afecta a las categorías salariales superiores al mínimo”.

Teniendo en cuenta este escenario, “en general, creemos que un crecimiento salarial de alrededor del 3% parece una cifra justa para que el crecimiento salarial repunte, posiblemente en los próximos dos años”.

La reacción del BCE

Para el BCE, esto será un “argumento importante” para una subida de tipos a principios de 2023, añaden los expertos de ING. Para el actual repunte de la inflación, la política monetaria no es tan relevante. “El BCE difícilmente puede llenar las reservas de gas o aumentar la escasez de contenedores. Lo que sí puede hacer es actuar sobre una evolución cíclica que parece favorable, y con una economía que se recupera más rápido de lo previsto y un crecimiento salarial que va a repuntar este año”.

“Con unas expectativas de inflación en torno al 2%, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, se permitirá el lujo que nunca tuvo el anterior presidente, Mario Draghi, de subir los tipos de interés”, concluyen Colijn y Brzeski.