Miguel Díaz-Canel
Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con 58 años de edad, está demostrando poseer dotes de atleta de alto rendimiento. Tal parece que no conoce el cansancio o que tiene bien claro que no debe perder un minuto, hacer política y visitar cada rincón importante de la isla para conversar con quien se le ponga por delante y escucharlo con atención.
Basta observar el desempeño de su reducida seguridad personal para percatarse que resulta más accesible a sus predecesores Raúl y Fidel. Se le ha visto en la tarde encestar una pelota de baloncesto a casi mil kilómetros de la Habana y al día siguiente, a prima hora, en la capital, estrechar las manos del presidente de la India.
Recientemente, hacía un largo recorrido por las provincias centrales de Villa Clara y Sancti Spíritus y, de momento, apareció en la vecina Jamaica para participar en una importante cita de mandatarios caribeños y dialogar con casi todos. Quizás no les resulte de su agrado a quienes deben velar por su imagen pública, pero es lo más parecido a ese antológico personaje estadounidense de dibujos animados nombrado el “Correcaminos”.
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