¿Hemos aprendido la lección? El mundo afronta la salida de la crisis más endeudado que nunca

La deuda mundial, un reto para las generaciones futuras

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La pandemia de Covid-19 llevó a los gobiernos de todo el mundo a decretar una paralización casi total de la actividad que trajo consigo un desplome económico sin precedentes. Para mantener las rentas de las familias durante los cierres e impulsar la recuperación con las reaperturas, esos mismos gobiernos no tuvieron otro remedio que aumentar el endeudamiento. El resultado es una economía mundial endeudada hasta unas cifras sin precedentes, lo que obligará a una digestión difícil durante las próximas décadas, especialmente en los países emergentes.

Como consecuencia de la pandemia, la deuda mundial dio un salto en 2020, tocando un máximo histórico de 226 billones de dólares, de acuerdo con la última edición del Monitor Fiscal del Fondo Monetario Internacional (FMI). Y todo indica que sea cifra no ha parado de crecer. El Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés), que también monitorea el endeudamiento global, situaba la cifra al cierre de junio en casi 297 billones de dólares.

Si se analizan los datos de deuda por mercados, los datos muestran que la deuda en los mercados maduros –Eurozona, EEUU o Japón- alcanzaba los 205 billones de dólares (418% del PIB).En los mercados emergentes, el aumento sigue siendo constante y se sitúa en  92 billones de dólares. No obstante, gracias a la recuperación económica, pasó del 250% del PIB al 246% del PIB. Solo en China la subida fue ya de 2,3 billones hasta un nuevo máximo histórico de 55 billones.

El papel de los bancos centrales

La buena noticia es que los datos del IIF muestran que por primera vez desde el inicio de la pandemia la ratio deuda / PIB mundial se ha reducido. Pese a ello, se encuentra en el 353% del PIB, lo que pone de relieve que hay deberes por delante para situar el endeudamiento en cauces más sostenibles, sobre todo en lo que respecta a la deuda pública, que al cierre de 2020 alcanzaba los 88 billones de dólares a escala mundial, aproximadamente un 100% del PIB mundial. Y la previsión del FMI es que solo baje “ligeramente” en los próximos años.

Por el momento, este fuerte endeudamiento ha sido posible en las economías avanzadas gracias al papel de los bancos centrales. El Banco Central Europeo (BCE), la Reserva Federal, el Banco de Inglaterra o el Banco de Japón no solo han mantenido los tipos de interés bajo mínimos, sino que han disparado las compras de activos para que los tesoros nacionales siempre encontrasen una demanda adecuada para sus bonos.

Las políticas fiscales

Sin embargo, la fuerte recuperación económica empieza a poner sobre la mesa el debate sobre la retirada de estos estímulos, por lo que, aunque se mantendrá el apoyo de los bancos centrales en el corto y medio plazo, la pelota queda en el tejado de los gobiernos y la política fiscal.

Por el momento, en las economías avanzadas, la política fiscal continúa respaldando la actividad económica y el empleo, destaca el FMI, si bien “se está reorientando”, dejando atrás las medidas de emergencia y dirigiendo el gasto público a facilitar una transformación verde y digital. Así ocurre por ejemplo con el plan Next Generation EU de la Unión Europea, que supone además la primera aproximación del bloque comunitario a una mutualización de la deuda. Este proyecto pretende movilizar 750.000 millones de euros, de los que 140.000 millones irán destinados a España.

Según los cálculos del FMI, solo los grandes programas de la UE y EEUU (Plan de Empleo Estadounidense y Plan para las Familias Estadounidenses), podrían agregar acumulativamente 4,6 billones de dólares al PIB mundial entre 2021 y 2026 si reciben plena implementación.

Sin embargo, los mercados emergentes y los países en desarrollo de bajos ingresos tienen por delante un panorama más difícil, ya que gran parte de la población de muchos países aún no ha recibido vacunas. Además, según las proyecciones, la crisis tendrá secuelas duraderas y deprimirá el ingreso fiscal en relación con las tendencias previas a la pandemia, sobre todo en los países en desarrollo de bajo ingreso. Eso complicará la puesta en práctica del programa de desarrollo.

Además, de por sí más limitado que en las economías avanzadas, el respaldo fiscal se está desvaneciendo ya debido al endurecimiento de la financiación. Una situación en la que los gobiernos deberán continuar priorizando la salud y protegiendo a los más vulnerables. A pesar de las mejoras económicas en comparación con lo peor de la crisis, se estima que la pandemia habrá sumido a una cifra de entre 65 y 75 millones más de personas en la pobreza para finales de este año.

“Es probable que muchos países en desarrollo necesiten más ayuda internacional y, en algunos casos, una reestructuración de la deuda”, avisa el FMI.