Gritos y urgencias en Varadero

Varadero

Varadero

Hace casi medio siglo le pregunté a un colega mexicano, sentados ambos a la orilla de la playa, cuál era la diferencia entre Varadero y Acapulco. Respondió que como playa era insuperable la nuestra, pero que en infraestructura y opciones la suya nos superaba con creces.

Cinco décadas después, sería el mismo razonamiento a pesar de ligeros avances como ese Boulevard que ahora mismo reclama con fuerza la presencia de turistas y un mejor avituallamiento en sus diversas instalaciones.

Esto, sin incluir esa necesaria e imprescindible voluntad de servicios que no acaban de comprender muchos implicados como ese empleado de The Beatles que no permitió a dos chinos retratarse junto a la escultura del grupo porque el local estaba cerrado y eso iba “en contra de las normas de la casa”.

Manos amigas -billeteras es mucho mejor-, término que suele emplearse cuando no queremos dar a conocer la fuente, me invitaron tres noches en un hotel que ha cambiado varias veces de nombre y que casi todos recordamos como el complejo Paradiso-Punta Arena. Hoy, Roc Varadero, cadena mallorquina bajo el paraguas del grupo Gran Caribe. Reza una placa a la entrada de la instalación: Hotel Playa Caleta, inaugurado por el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz el 10.5.1990.

Estrellas aparte, que si son 3, 3,5 ó 4, se hacen visibles las dificultades con los suministros y, en honor a la verdad, el esfuerzo de su personal por atenuarlas es loable. Si por ejemplo, faltan servilletas, se las arreglan de otro modo para complacer al huésped.

Choferes, guías, jardineros, camareros, personal de carpeta, pescadores, conductores de coches tirados por caballos, residentes, artesanos, músicos, cualquier persona en su sano juicio que sea interrogada, dirá que hay poca afluencia de visitantes en estos días. Y aunque no guarda mucha relación, no pocos te mencionan la presencia salvadora de un tanquero ruso fondeado en la bahía de Matanzas con más de 700,000 barriles de petróleo en su panza.

Mala señal para la alcancía nacional el insignificante flujo turístico. Habrá que ajustarse todavía más el cinturón si es que hay espacio y si un chino o canadiense quiere fotografiarse abrazando decentemente a una farola habrá que permitírselo o si pide hielo y no lo hay, pues a conseguirlo aunque sea por donación desde el polo norte.