Garzón defiende que el etiquetado NutriScore podría evitar “miles de muertes” al año en España

Alberto Garzón

El ministro de Consumo, Alberto Garzón - Autor: Consumo (Flickr)

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El ministro de Consumo, Alberto Garzón, defendió este miércoles que el sistema de etiquetado frontal NutriScore “no es perfecto, porque, probablemente, no existe el etiquetado perfecto”, pero, “según la evidencia empírica” recabada en otros países donde ya funciona, “podría evitar miles de muertes al año”, por lo que urgió a “considerar muy seriamente” su implementación en España.

Así lo subrayó durante su comparecencia en la Comisión de Sanidad y Consumo del Congreso de los Diputados a petición propia para informar sobre el etiquetado nutricional frontal NutriScore y, a instancias del Grupo Parlamentario Popular, para dar cuenta de las actuaciones llevadas a cabo por su departamento para la implantación de dicho etiquetado en los alimentos producidos en España y en la que recordó que se trataría de una “implementación relativa”, porque ya lo está “en la práctica” en muchos establecimientos.

Garzón precisó que NutriScore se ha mostrado como una herramienta “útil”, aunque “humilde” para mejorar la calidad nutricional de la cesta de la compra y que su implantación podría reducir un 3,4% la mortalidad por enfermedades provocadas por la obesidad, como la cardíaca, diabetes o ciertos tipos de cáncer.

Durante su comparecencia insistió en que este sistema es el que cuenta con más apoyo por parte de científicos y especialistas en nutrición y de asociaciones de consumidores a nivel español y europeo, es el que “mayor consenso genera” y, entre otras cuestiones, trata de “incentivar” a las empresas a que mejoren la calidad nutricional de sus productos.

Tras reiterar que en la actualidad el etiquetado nutricional frontal es voluntario en Europa y que ningún país puede, por el momento, obligar a los fabricantes a proporcionar esta información en la parte delantera de los envases, resaltó que cientos de productos ya han empezado a utilizarlo y recordó que la intención de la Comisión Europea es avanzar hacia el etiquetado común y obligatorio en todo el territorio a partir del año 2022.

Garzón aseveró que no regularlo en España “afectaría a los derechos de las personas consumidoras” y señaló que las empresas que lo adopten lo harán de forma voluntaria para aplicarlo correctamente y en todo su lineal de productos, “no sólo en los mejores”.

DERECHO DE LOS CONSUMIDORES

“En este ministerio y en este Gobierno tenemos claro que tenemos que cumplir con el deber y el derecho de las personas consumidoras a poder saber qué es lo que están consumiendo y que, cuando eso se traduce en etiquetados farragosos, largos, densos en la parte posterior de los productos, la inmensa mayoría de las personas corrientes no les hace caso y, por lo tanto, ignoran con bastante profusión lo que están consumiendo”, abundó.

El titular de Consumo consideró “normal, legítima y comprensible” la polémica generada en torno a este sistema de etiquetado en España, si bien recordó que su departamento se ha fijado como “objetivo central” el “ayudar a cambiar hábitos de consumo” para promover un consumo “más saludable y sostenible” y venciendo para ello las “resistencias que legítimamente existen a los cambios”.

Consciente de que cada vez más consumidores están “abandonando” la dieta mediterránea en beneficio de otras que, según su criterio, “además de ser más perjudiciales desde el punto de vista de la salud, también tienen un mayor impacto negativo sobre el planeta”, incidió en que NutriScore es un instrumento “útil pero humilde para situarse en esta dirección de cambiar hábitos de consumo, para salvar miles de vidas y para que el consumidor sepa lo que está consumiendo y lo sepa de mejor manera”.

Garzón abogó, asimismo, por que, además de la dimensión nutricional, dicho etiquetado incorpore también las de trazabilidad ecológica y procesamiento de un producto así como aquellas relacionadas con las condiciones laborales en las que se realiza la producción. Por ello, advirtió de que su implementación en España supone sólo “empezar a andar un camino que, según la Comisión Europea, debe acabar con un etiquetado integral que incorpore como mínimo la dimensión nutricional y la dimensión ecológica”.

Por otro lado, reiteró que ya está implementado en Francia, Alemania, Bélgica, Suiza y ha sido anunciado ya por Luxemburgo, Países Bajos o Austria e hizo hincapié en que estos países representan casi el 48% del PIB de la Unión Europea y el 35% del valor de mercado de las exportaciones españolas, por lo que se refirió de nuevo al beneficio que su implementación generará para las exportaciones españolas, dado que, si la industria nacional lo incorpora, “aportará una ventaja competitiva en los mercados internacionales”.

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