Guerra en Irán

FMI, Banco Mundial y AIE alertan del golpe global de la guerra en Oriente Próximo

Los tres organismos advierten de un impacto “sustancial, global y altamente asimétrico” que castiga especialmente a los países importadores de energía y de bajos ingresos.

Imagen por satélite tomada por la NASA del estrecho de Ormuz (Foto: NASA)
Imagen por satélite tomada por la NASA del estrecho de Ormuz (Foto: NASA)

FMI, Banco Mundial y AIE han elevado la alerta por las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Próximo. Los tres organismos sostienen que el shock energético está afectando de forma desigual al mundo y que los países más vulnerables son los que más dependen de las importaciones de energía.

La advertencia conjunta de las tres instituciones internacionales refuerza la idea de que el conflicto ya no se limita al plano geopolítico o militar, sino que está trasladando tensión a los mercados energéticos, al comercio y al empleo en buena parte de la economía mundial. Según la declaración difundida tras la reunión mantenida por Kristalina Georgieva, Ajay Banga y Fatih Birol, el impacto se está trasladando a través de los precios del petróleo, el gas y los fertilizantes, con especial presión sobre las economías con menos margen fiscal y mayor dependencia exterior.

La guerra eleva la presión sobre los importadores de energía

Los responsables del FMI, el Grupo del Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía han advertido de que la guerra en Oriente Próximo ha provocado una de las mayores crisis de suministro en la historia del mercado energético global. En su declaración conjunta subrayan que el impacto es “sustancial, global y altamente asimétrico”, con un daño desproporcionado para los países importadores de energía y, en particular, para los países de bajos ingresos.

Ese diagnóstico añade un elemento clave para los mercados: no todos los países afrontan el shock en igualdad de condiciones. Mientras algunos exportadores energéticos pueden beneficiarse temporalmente de precios más altos, muchas economías importadoras se enfrentan a una factura exterior mayor, más presión inflacionista y menos capacidad para sostener ayudas o subsidios.

El FMI, el Banco Mundial y la AIE sitúan a los países importadores de energía y de bajos ingresos como los grandes perjudicados por el shock derivado de la guerra

Ormuz sigue sin normalizarse y agrava la incertidumbre

Uno de los focos de preocupación señalados por las tres instituciones es la situación del estrecho de Ormuz, una vía crítica para el transporte marítimo de materias primas energéticas. Los organismos avisan de que el tráfico marítimo todavía no se ha normalizado y de que, incluso cuando se restablezcan los flujos regulares, llevará tiempo recuperar los niveles previos al conflicto en el suministro mundial de materias primas clave.

Ese retraso en la normalización implica que los precios del combustible y de los fertilizantes podrían seguir elevados durante un periodo prolongado. Para muchas economías, esto no solo encarece la energía, sino también costes industriales, agrícolas y logísticos, con un efecto dominó sobre la actividad y el consumo.

Clave del aviso conjunto Impacto señalado por los organismos
Importadores de energía Sufren el mayor daño relativo
Países de bajos ingresos Afrontan un impacto desproporcionado
Petróleo, gas y fertilizantes Registran mayores tensiones de precios
Estrecho de Ormuz El tráfico marítimo aún no se ha normalizado
Recuperación del suministro Puede tardar incluso tras reabrirse las rutas

Alimentos, empleo y turismo, también bajo presión

La declaración conjunta no se limita al mercado energético. Las tres entidades alertan de riesgos para la seguridad alimentaria y para el empleo, al tiempo que apuntan a las consecuencias de la escasez de insumos clave para sectores como el energético y el alimentario. También destacan que la guerra ha provocado desplazamientos forzosos de población, una caída del empleo y un freno en los viajes y el turismo, efectos que podrían tardar en revertirse.

La combinación de energía más cara, fertilizantes más costosos y cadenas logísticas alteradas amenaza con trasladarse a más precios y con debilitar la recuperación en economías que ya arrastraban vulnerabilidades previas. El propio FMI ha venido señalando en las últimas semanas que el shock de la guerra es global, pero no homogéneo, y que golpea con más fuerza a los países con menos reservas y menos capacidad de respuesta.

El encarecimiento del petróleo, el gas y los fertilizantes amenaza con trasladarse a la alimentación, el empleo y la actividad turística en las economías más frágiles

Respuesta coordinada para sostener la recuperación

Tras su reunión de este lunes, Georgieva, Banga y Birol reafirmaron que coordinarán su respuesta y apoyo a los países miembros para sentar las bases de una recuperación “sólida” que permita recuperar estabilidad, crecimiento y empleo. El grupo de coordinación entre las tres instituciones fue creado a comienzos de abril precisamente para optimizar la respuesta ante las repercusiones energéticas y económicas de la guerra en Oriente Próximo.

El mensaje de fondo es que la crisis aún está lejos de cerrarse y que el coste económico puede prolongarse incluso si la tensión militar pierde intensidad. Para los organismos internacionales, el riesgo inmediato no es solo el alza de los precios energéticos, sino que esa perturbación termine enquistándose en la actividad, el comercio y el mercado laboral mundial.

Los organismos internacionales dan por hecho que la crisis puede dejar efectos duraderos incluso aunque se rebaje la tensión militar en Oriente Próximo

El aviso conjunto del FMI, el Banco Mundial y la AIE deja así una conclusión clara: la guerra en Oriente Próximo ya está teniendo un coste económico mundial, pero ese coste recae con mucha más dureza sobre los países que dependen de importar energía y cuentan con menos recursos para absorber el shock.

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