¿Fin de la historia?

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No tengo una fijación con Fukuyama; pero, hay ideas que “matan”

En realidad no era la historia la condenada a desaparecer por tan infeliz pronóstico, sino –supuestamente- la dialéctica real entre el bien y el mal. ¡No saber que Lucifer anida en muchas mentes! Y que hoy nos está ganando.

El mundo se descuidó y hoy pagamos las consecuencias

Entre la maña de Lucifer y el descuido nuestro hoy imperan los despotismos, las autocracias, el estatismo, las mafias políticas, la discrecionalidad, los antivalores del carisma y el clan, los grupos de intereses especiales y etc.

“Transiciones Retrógradas” y entorno hostil dominan el mundo

Agreguen la debilidad en los medios de reversión y tendríamos un diagnóstico, mínimo, pero útil a la procura de los medios para la superación. El problema no se circunscribe a cada caso. El trastorno es multidimensional y global.

“Comprender para actuar” podría ser una máxima para este tiempo

Implicaría abandonar el simplismo. Por ejemplo, “la política tiene su propia lógica y es asunto de los políticos”. Propuestas “transitológicas” como “que los políticos decidan” no entienden lo esencial del asunto.

Viene al caso el punto del “aprendizaje democrático”

La expresión la descubrí en un texto de uno de los apóstoles de la Transitología: Laurence Whitehead, de Oxford: un académico, no un político. Lo peor que puede pasar a la política es depender solo de sus practicantes.

Así sí podríamos estar frente al “fin de la historia”

Imaginen un mundo totalmente autocrático o totalitario. Solo lo planteo como escenario y precisamente para anteponerle el contrario: una recuperación de la tendencia al triunfo y perfeccionamiento de la democracia.

Sin ánimo de monopolizar, ante un final procuro una “Nueva Transitología”

Y destaco uno de sus atributos de base: las transiciones no son un fenómeno puramente político. Todo lo contrario: lo son de un “bloque social”, no solo para cambiar; sino para garantizar los logros de largo plazo deseados.

Consolidación y mantenimiento de la democracia matan autocracias

Uso, para terminar, un giro venezolano: ¡democracia mata autocracia! Un logro efectivo en su procura es el mejor antídoto para ese otro “fin de la historia” que nos vislumbra el derrotero de este siglo. El riesgo existe. Toca hacerlo mucho mejor.

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