Fabuloso y estoico Obispo

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Ni turistas ni lugareños. Verdaderos gladiadores internacionales y otros tantos locales haciéndole frente a un sol tan abrasador como el mismísimo que castiga sin piedad a los derviches del desierto porque a las doce del día, cuando el astro se encuentra justo en el centro del cielo, no hay sombra para nadie. Y no hay exageración: a La Habana está llegando el polvo del Sahara.

Eso acontece en la calle Obispo, auténtica expresión de espontánea cubanía que bien pudiera emular y sobrepasar al conocido espectáculo del cabaret Tropicana. Quizás ahí su atractivo y secreto de tanta gente lo mismo subiendo que bajando en busca de la Plaza de Armas, en la parte vieja de la ciudad o la zona correspondiente al Parque Central, previa ceremonia de un Daiquirí en mano en El Floridita.

En estos días, como nunca lo visto por tanto viandante, esta vía peatonal semeja la de una nación con bandera de Naciones Unidas y es que hasta niños de otros países ruedan en sus coches por la empedrada calle que data de épocas coloniales.

Continúa el interés creciente por la isla. Este martes 26 de julio Obispo no se enteró que arribaba el visitante número tres millones. Una cifra récord, con 75 días de anticipación a los planes.

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