El Papa pide facilitar la producción y el acceso universal a la vacuna y adecuar las «reglas monopólicas»

El Papa asomado a la Plaza de San Pedro

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El Papa Francisco ha pedido a la Organización Mundial de Comercio (OMC) y la de Propiedad Intelectual adecuar las instrumentos jurídicos para que las reglas monopólicas no obstaculicen la producción y acceso universal a la vacuna contra la Covid-19.

«Sería conveniente que instituciones como la Organización Mundial del Comercio y la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual adecuen sus propios instrumentos jurídicos, para que las reglas monopólicas no constituyan ulteriores obstáculos a la producción y a un acceso organizado y coherente a los tratamientos a nivel mundial», ha señalado el Papa en un discurso para felicitar el año nuevo a los embajadores acreditados ante la Santa Sede.

Se trata de una ocasión especial, porque el Papa habla de los problemas actuales del mundo a los representantes de la comunidad política mundial. Actualmente la Santa Sede mantiene relaciones diplomáticas con más de 180 países.

El Pontífice ha constatado «con dolor» que, en extensas zonas del mundo, «el acceso universal a la asistencia sanitaria sigue siendo un espejismo». «En un momento tan grave para toda la humanidad, reitero mi llamamiento para que los gobiernos y los entes privados implicados muestren sentido de responsabilidad, elaborando una respuesta coordinada a todos los niveles (local, nacional, regional y global), mediante nuevos modelos de solidaridad e instrumentos aptos para reforzar las capacidades de los países más necesitados», ha exhortado.

Por otro lado, ha pedido que se establezca un instrumento internacional sobre la preparación y la respuesta a las pandemias, bajo el patrocinio de la Organización Mundial de la Salud, para que los gobiernos adopten «una política de desinteresada ayuda mutua, como principio clave para que el acceso a instrumentos diagnósticos, vacunas y fármacos esté garantizado a todos».

En el tradicional encuentro de principios de año con el cuerpo diplomático, el Papa ha condenado «un mundo de fuertes contrastes ideológicos». «Muchas veces nos dejamos influenciar por la ideología del momento, a menudo basada en noticias sin fundamento o en hechos poco documentados. Toda afirmación ideológica cercena los vínculos que la razón humana tiene con la realidad objetiva de las cosas», ha explicado.

En este sentido, ha defendido que las vacunas «no son instrumentos mágicos de curación» sino que representan ciertamente, junto con los tratamientos que se están desarrollando, «la solución más razonable para la prevención de la enfermedad».

Por otro lado, Francisco ha lamentado que los inmigrantes a menudo sean «transformados en armas de coacción política, en una especie de «artículo de negociación», que despoja a las personas de su dignidad». Así, ha reconocido ser «consciente de las dificultades que algunos estados encuentran frente a flujos ingentes de personas», pero ha instado a acogerlos e integrarlos venciendo «la indiferencia» y rechazando «la idea de que los migrantes sean un problema de los demás».

«A nadie se le puede pedir lo que no puede hacer, pero hay una clara diferencia entre acoger, aunque sea limitadamente, y rechazar totalmente (…) El resultado de semejante planteamiento se ve en la deshumanización misma de los migrantes, concentrados en los centros de registro e identificación, donde acaban siendo presa fácil de la delincuencia y de los traficantes de seres humanos, o por intentar desesperados planes de fuga que a veces culminan con la muerte», ha concluido.