El factor Ómicron: ¿descarrilamiento de la recuperación económica o solo un punto y seguido?

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El fuerte repunte del Covid-19 en toda Europa por la aparición de Ómicron está llevando a los gobiernos a adoptar de nuevo restricciones, y ello conllevará inevitablemente un coste económico. Sin embargo, y desde la incertidumbre de la gravedad que tenga la nueva variante, los expertos confían en que solo suponga una “pausa” en la senda de la recuperación.

“La aparición de la variante Omicron nos obliga a considerar un riesgo a la baja en nuestro escenario central para 2022”, reconocen Gilles Moëc, economista jefe en AXA IM, y Chris Iggo, CIO de la gestora. No obstante, los expertos consideran que no será una vuelta a la “casilla de salida”.

Aunque Omicron se propaga mucho más rápido que las versiones anteriores del virus, hasta ahora en Sudáfrica no ha provocado ningún aumento significativo de víctimas, recuerdan estos expertos. Esta observación empírica estaría ahora respaldada por un estudio a gran escala de la compañía de seguros Discovery. Según un análisis de 78.000 resultados de pruebas atribuidas a la variante, la ‘gravedad básica’, es decir, la probabilidad de ser hospitalizado, de ómicron es un 29% inferior a la de la primera versión corrigiendo el estado de la vacuna. Dos dosis de Pfizer proporcionarían una protección del 70% contra la hospitalización, y de un 30% contra las infecciones sintomáticas. “El estudio no explora el impacto de los refuerzos”, apuntan los analistas de AXA, “pero la conclusión lógica es que esto haría que el nivel de protección contra la hospitalización fuera aún mayor”.

En ese sentido, al ritmo actual se necesitarían entre dos y 2,5 meses para hacer llegar la tercera dosis al 75% de la población en Europa. Sin embargo, esto llevaría mucho más tiempo en EEUU (más de seis meses). Además, esto no se ocuparía de la fracción de la población que hasta ahora ha rechazado las vacunas.

Con todo, “la combinación de una alta velocidad de propagación de la variante y un número todavía significativo de personas sin ninguna protección puede significar que serán necesarias medidas restrictivas adicionales en las próximas semanas como «interruptor» para preservar la capacidad de atención sanitaria – a menos que la gravedad resulte ser sustancialmente menor que en las olas anteriores”, apuntan los expertos. “Esto haría mella en el crecimiento del PIB este invierno, aunque probablemente sería una mera pausa en la trayectoria de recuperación. No hemos vuelto a la casilla de salida en la lucha contra la pandemia”.

Reacción de los bancos centrales

“En este entorno incierto, los bancos centrales han mostrado actitudes diferentes”, ya que, tal y como comentan los expertos de AXA IM, “las condiciones macroeconómicas a ambos lados del Atlántico son muy diferentes. En la zona euro, la inflación sigue siendo esencialmente un fenómeno exógeno que se espera que desaparezca en 2023 y la brecha de producción sigue siendo negativa. Al contrario que en EEUU, no hay un exceso de demanda que el banco central pueda permitirse frenar para mantener la inflación bajo control”.

Por una parte, señalan que “la Reserva Federal ha dado un claro ‘vuelco’, expresando su preocupación por el hecho de que el actual repunte de la inflación pueda quedar ‘enquistado’ y sea el resultado del funcionamiento endógeno de la economía” y comentan que “la aceleración del tapering como tal no es una sorpresa”. Además, Moëc e Iggo sospechan que “estos movimientos de halcones, a pesar del riesgo de Ómicron, reflejan la creencia en la Fed de que, como en oleadas anteriores, la tolerancia al riesgo sanitario sería mayor en EEUU y que se podría evitar una desaceleración significativa de la actividad económica”.

Sobre el BCE, los expertos señalan que “aunque la flexibilización cuantitativa se reducirá en 2022, sigue estando bastante claro que el Consejo de Gobierno no quiere subir los tipos antes de 2023”. “Creemos que esto tiene sentido”, concluyen los analistas de AXA.