EEUU acusa de un fraude a Elizabeth Holmes, ‘la nueva Steve Jobs’

Elisabeth Holmes
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Aunque su nombre no suena tanto en España como el de Elon Musk, Mark Zuckerberg o Tim Cook, Elizabeth Holmes fue elegida en el verano de 2015 la persona más influyente de Silicon Valley. Era entonces la gran promesa de ‘La Meca’ de la tecnología por fundar y dirigir una empresa que revolucionaría la medicina gracias a análisis de sangre rápidos y muy económicos. Llegó a calificarse a Holmes como ‘la nueva Steve Jobs’. Sin embargo, meses después comenzó su caída a los infiernos: The Wall Street Journal publicó un duro y amplio reportaje en el que ponía en duda sus avances. Ahora EEUU la ha acusado formalmente un fraude masivo con su empresa Theranos que le permitió recaudar más de 700 millones de dólares (unos 656 millones de euros).

La Comisión de Bolsa y Valores del país norteamericano (SEC) considera que Holmes, junto al expresidente de la compañía Ramesh Balwani, crearon una elaborada trama con afirmaciones falsas sobre la tecnología del negocio, así como su rendimiento financiero. Ambos hicieron demostraciones falsas de sus productos, engañaron sobre su viabilidad y transmitieron a los medios información que no era real, lo que, según denuncia el regulador, hizo pensar a los inversores que Theranos era un buen negocio por el que apostar.

Ante esta conducta fraudulenta, la SEC ha impuesto a la fundadora de la compañía una multa de 500.000 dólares (algo más de 400.000 euros) y le prohíbe ejercer como funcionaria o directora de una empresa pública durante 10 años. Tendrá además que ceder el control de Theranos y devolver 18,9 millones de acciones.

Según informaba la web de Theranos, mediante una pequeña gota de sangre la compañía podía ofrecer gracias a su tecnología resultados de más de 240 pruebas médicas, desde el colesterol al cáncer. Presumía de contar con un mucho más cómodo y barato que los análisis tradicionales.

Sin embargo, el minucioso artículo de The Wall Street Journal firmado por el periodista John Carreyrou, en el que se citaba a exempleados de Theranos y a médicos, revelaba que a diciembre de 2014 tan solo eran capaces de precisar los datos en 15 tipos de pruebas. Además, el texto subrayaba que la mayoría de las pruebas no se hacían mediante la tecnología propia de la compañía, bautizada como Edison sino que se empleaban máquinas tradicionales “compradas a empresas como Siemens”. Carreyrou también localizó a una empleada de la cadena de farmacias Walgreen (cliente de Theranos) que afirmaba haber detectado fallos en algunos resultados y procesos de análisis y también a pacientes que recibieron conclusiones inexactas.

Holmes llegó a ‘venderse’ como uno de los grandes empresarios a Silicon Valley hechos a sí mismos, que había iniciado su sueño desde el cuarto de su residencia universitaria. Jina Choi, directora de la oficina regional de la SEC en San Francisco, espera que este caso sea “una importante lección” para el centro neurálgico de la innovación tecnológica. “Los emprendedores que busquen revolucionar e interrumpir una industria deben decirle a los inversores la verdad sobre lo que su tecnología puede hacer hoy, no lo que esperan que pueda hacer algún día”, ha afirmado.