Barclays confirmó ayer a la CNMV que pasa a considerar su unidad de banca minorista en España como ‘non core’ o ‘no estratégica’. Los planes del Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB) de vender antes del verano CatalunyaCaixa pueden encontrarse con un obstáculo inesperado: la decisión de Barclays de poner el cartel de ‘se vende’ a su unidad de banca minorista en España, que pasa a estar en competencia directa con la entidad catalana rescatada.
Tras varios meses de rumores, Barclays confirmó ayer a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) que pasa a considerar su unidad de banca minorista en España como ‘non core’ o ‘no estratégica’. Es decir, que no encaja con la estrategia del grupo a medio y largo plazo, por lo que será liquidada o vendida con el tiempo.
La entidad británica, que cuenta con unas 270 sucursales en España, aprobó hace ahora un año un expediente de regulación de empleo (ERE) para 890 trabajadores, en una plantilla total de 3.350 empleados en el país.
El nuevo plan estratégico de Barclays, que también ha puesto en venta sus redes comerciales en países como Francia, Portugal e Italia, supone añadir un nuevo competidor a CatalunyaCaixa, cuya subasta se ha suspendido ya dos veces en los últimos años ante la dificultad de encontrar comprador.
La intención del FROB dependiente del Ministerio de Economía que dirige Luis de Guindos es acometer antes de la subasta la venta de la red de CatalunyaCaixa fuera de Cataluña, si bien el escaso interés despertado ya ha obligado a la entidad a echar el cierre a 46 sucursales.
La denominada red ‘legacy’ no es el único activo de CatalunyaCaixa en el mercado. Además de esta red, también están a la venta la gestora de fondos y planes de pensiones, la filial de bolsa y la cartera de créditos fallidos.
Incluso si se logran realizar todas estas operaciones de venta, la subasta de CatalunyaCaixa parece difícil, al menos a un precio medianamente atractivo que permita recuperar parte de los fondos públicos inyectados en ella. Muchos rumores del mercado apuntaban ya a finales del año pasado a que la venta no se realizaría al menos hasta el tramo final de 2014, cuando ya se hubiesen realizado los test de estrés del BCE y la revisión de calidad de los activos (AQR) de la banca europea.






