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Diego Carcedo: un periodista total

El legado de un reportero incansable que marcó generaciones en el periodismo español.

Diego Carcedo
Diego Carcedo

Diego Carcedo, referente del periodismo español, deja una huella marcada por su rigor, su vocación de reportero y una trayectoria que abarcó desde Asturias hasta los grandes escenarios internacionales.

Diego Carcedo era un periodista completo que manejaba todos los recursos de la profesión. De sus principios en Asturias como corresponsal de su querida Cangas de Onís hasta el escritor que firmó algunos libros que son una referencia histórica, como el de Ángel Sanz Briz, el diplomático español que salvó a miles de judíos de las garras de los nazis en el Budapest de la Segunda Guerra Mundial, pasó por todas las etapas.

Primero en La Nueva España, el periódico asturiano en el que coincidió con Graciano García, el creador de los premios Príncipe de Asturias, después en Arriba y Pyresa como enviado especial a grandes conflictos internacionales, paso previo a su incorporación a RTVE, donde fue reportero, corresponsal, jefe de informativos, director de RNE y miembro del Consejo de Administración elegido por el grupo socialista.

Una trayectoria que recorrió todas las facetas del periodismo, desde la crónica local hasta los grandes conflictos internacionales

Y siempre trabajador infatigable, contador de historias, entrevistador agudo. Esa curiosidad que mantuvo hasta el último momento, cuando la enfermedad acechaba, lo mantuvo activo y atento a los desastres mundiales que, uno tras otro, están transformando el mundo que conocíamos.

Su curiosidad y vocación informativa se mantuvieron intactas incluso en los momentos más difíciles de su vida

Era, además, un asturiano universal. Cuando comencé a colaborar con él como responsable de RNE en el Principado, sabía que iba a ser un puesto sujeto a un examen constante.

Diego podía estar en Rabat para entrevistar al primer ministro marroquí y al acabar llamarme para preguntar por un asunto menor de su querida región.

De esa relación profesional nació una amistad profunda que se ha mantenido hasta el final.

Cuando vine a vivir a Bélgica y me acredité ante las instituciones europeas le salió la vena de reportero: “Corresponsal en Bruselas es uno de los trabajos más aburridos del mundo, persiguiendo intrincados textos administrativos, sin relacionarte con la gente que los padece” me dijo.

Razón tenía. A él le gustaba el contacto personal, la búsqueda de noticias allí donde ocurrían, no elaboradas declaraciones de políticos, ni redacción de notas de prensa remitidas por gabinetes.

Defensor del periodismo de calle, rechazaba la burocracia informativa y priorizaba el contacto directo con la realidad

En Asturias vivimos momentos extraordinarios. En el plano profesional cuando era requerido para todo tipo de actividades, relacionadas o no con el periodismo, pero también en el personal con su querida Cristina García Ramos y tantos amigos de toda la vida.

De su enorme capacidad para ser al mismo tiempo reportero y directivo hay muchos ejemplos.

Y cuando se liberó de los cargos de responsabilidad comenzó, ya a edad avanzada, una trayectoria de escritor, indagando en historias universales como el barco que fletó Pablo Neruda para salvar a republicanos españoles en la guerra del 36.

También los recovecos de la Revolución de los Claveles portuguesa o más de nuestra España como los intríngulis del 23-F o de la transición española y el acoso terrorista que logró sonsacarle al general Sáenz de Santamaría, otro asturiano imprescindible en aquellos años tan complejos y difíciles.

Y una novela, “El niño que no iba a misa”, que pasó desapercibida pero que lectores avispados podían distinguir como un homenaje postrero a la Asturias rural en la que había nacido y por la que sentía auténtica devoción.

Bien lo sé porque nuestra región era un motivo constante en nuestras largas conversaciones, últimamente solo telefónicas.

Su faceta como escritor consolidó su legado con obras de referencia histórica y memoria democrática

Diego fue un periodista total que supo evolucionar de la España franquista de los 60 a la España democrática actual y que ha dejado una huella profunda por una carrera tan larga como diversa, pero siempre con el objetivo de informar sin sesgos.

Si algo me enseñó ha sido a no ser sectario y escuchar a todo el mundo. Por desgracia los tiempos no van por ahí.

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