¿Cuenta atrás para la recesión? La curva de rentabilidad se invierte en EEUU y Reino Unido

Bola del mundo hundiéndose
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Todas las alarmas de los mercados se encendieron ayer miércoles. La rentabilidad del bono del Tesoro estadounidense a dos años se situaba por encima de la del bono a diez. La inversión de la curva de rentabilidad o curva de tipos suele interpretarse como una señal de recesión a corto o medio plazo y los precedentes no son los mejores: la última vez que ocurrió fue en junio de 2007, poco antes de que estallase la crisis financiera.

La rentabilidad de los bonos del Tesoro a diez años bajó ayer hasta situarse en el 1,619%, mientras que a la misma hora el bono a dos años ofrecía un 1,628%, según datos de FactSet. Algo muy similar ocurría en Reino Unido, aunque en su caso refleja también las incertidumbres en torno al Brexit.

La curva tiende a ser positiva, es decir, la deuda a plazos más largos ofrece unos intereses más altos que la de plazos más cortos, ya que el mayor espacio de tiempo conlleva una mayor incertidumbre. Si se da la vuelta suele ser un síntoma de que algo no va bien y, de hecho, suele verse como una precursora de la recesión, aunque con un desfase de entre unos 12 o 18 meses.

En lo que va de año ya se habían invertido otras curvas rendimiento, como la que relaciona las letras a tres meses y los bonos a diez años, pero lo cierto es que es la de los bonos a dos años la que suele mirar el mercado para intentar predecir futuras recesiones. La explicación es que a menudo sirve como preludio de una recesión porque indica cuándo la política monetaria y las condiciones financieras son demasiado restrictivas para la economía en general. Antes de las últimas siete recesiones se produjo una inversión de la curva en los diferenciales de dos y diez años.

El nuevo aplanamiento de la curva podría indicar que el pesimismo económico está ganando terreno entre los operadores de bonos, y que los recortes de los tipos de julio de la Reserva Federal serán solo los primeros de un nuevo ciclo de relajamiento de la política monetaria que se retomará tan pronto como en septiembre.

¿Y las bolsas?

El miedo a la recesión no sólo se ha reflejado en los mercados de renta fija, sino también en los de renta variable. El principal indicador de Wall Street, el Dow Jones, registraba ayer caídas superiores al 1%, similares a las que registraban a este lado del Atlántico el Ibex 35 o el Eurostoxx 50.

Pero podría haber margen para un rebote, aunque sea solo durante unos pocos meses, según señalan los analistas. “Después de una caída inicial post inversión de la curva, el índice S&P 500 puede recuperarse significativamente antes de una mayor reducción relacionada con la recesión de EEUU”, apuntan los estrategas de BAML en una nota recogida por MarketWatch.com.

En concreto, de acuerdo con su análisis, el indicador tendió a registrar una subida alcanzando su punto álgido de media 7,3 meses después de la inversión de la curva de tipos. Eso sí, cuando la recesión llegó a su fin, el S&P 500 perdió de media alrededor del 32%.