Desde el Malecón

Cuba convoca a sus ciudadanos residentes en el exterior a invertir en la isla

El Gobierno cubano permitirá a los residentes en el extranjero participar en negocios privados, proyectos productivos y operaciones financieras dentro de la isla.

Apagón en la Habana (Foto: Yuri Brizuela)
Apagón en la Habana (Foto: Yuri Brizuela)

Cuba ha anunciado nuevas medidas para ampliar la participación de los cubanos residentes en el exterior en la economía nacional. El plan contempla su entrada en empresas privadas, proyectos de infraestructura, actividades del sector agropecuario y también en el sistema financiero-bancario del país.

A pesar de estar contemplado desde hace años en documentos partidistas, en una suerte de sí, pero no, muy selectivamente, las autoridades cubanas acaban de anunciar un amplio plan que permitirá que los cubanos que viven en otros países puedan invertir y contribuir al despegue económico en múltiples esferas incluso en las actividades propias de la banca.

Así lo anunció el viceprimer ministro y ministro de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Oscar Pérez-Oliva Fraga (54 años) precisamente en un momento donde la economía ha tocado fondo y transcurren conversaciones con EEUU donde estos últimos reclaman modificaciones significativas en la economía.

Cuentan fuentes internas de ese ministerio que Pérez-Oliva, ingeniero en electrónica, está empeñado en eliminar trabas y burocracias reinantes en esa cartera. “Ha llegado dispuesto a cambiarlo todo”, aseguran.

La renovadora decisión apunta básicamente a los cubano-americanos asentados en el sur del estado de Florida, quienes en más de una ocasión en citas de “Cuba y la emigración” han elevado su disposición de participar en el desarrollo económico en su país de origen.

De tal forma, en ahora o nunca, se abren las puertas y ventanas para una multiplicidad de opciones que incluyen hasta la propiedad privada y la anuencia para crear pequeñas, medianas o grandes empresas en sectores claves de infraestructura o turismo,

La mesa está servida. Sólo aguardar por los posibles comensales y que confíen en el nuevo marco regulatorio y las respectivas garantías.

A grandes crisis, grandes soluciones. Para nada tibias que al final no calman el dolor. Cuba, si precisa salvar su proceso revolucionario debe cambiar. Y no por presiones desde el exterior, sino por imperativos  y reclamos internos.

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