Capitolio de La Habana
La buena nueva, prevista para el 16 de noviembre, a no pocos cubanos le ha causado un cierto sentimiento de felicidad o al menos una buena dosis de calma espiritual. Los aplausos más efusivos tal vez partan del sector privado dedicado al tema del alojamiento o los servicios que, como se sabe, tienen una cola de la que muchos se benefician.
El Valle de Viñales, en Pinar del Río, por ejemplo, pide a gritos la reapertura de visitantes en una zona donde prima el sector privado que, de momento, ha debido cerrar casas y hostales para enfrentar el duro trabajo de labrar la tierra.
Será poco a poco, con normas internacionales un tanto más flexibles y en la medida del comportamiento de la pandemia en determinadas zonas turísticas.
Esa socorrida y manida luz al final del túnel parece pestañear en lontananza.
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Cuba abrirá fronteras
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