Cuatro años preparando el PIR -el MIR de los psicólogos- para no conseguir trabajo

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad

Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad / Jaime Pozas

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Los estudiantes del PIR – el equivalente el MIR de los psicólogos – afrontan con “nervios” e “incertidumbre” la llegada del 27 de marzo, el día del examen. Muchos de ellos con pocas esperanzas de futuro, ya que el Ministerio de Sanidad ha convocado 198 plazas para el 2021.  Según, el movimiento #MásPlazasPIR esto hará que el 95% de aspirantes se queden sin un puesto.

Las personas que consigan superar el examen y consigan una de las 198 plazas tendrán por delante cuatro años de formación en la sanidad pública. Sin embargo, cuando este período finalice nadie les acredita que puedan conseguir un puesto de trabajo en un país con una media de 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes.

“Mucha gente se cree que estás estudiando y aunque te cueste, cuando termines conseguirás tu plaza de trabajo, pero no es así, luego te tienes que presentar a unas oposiciones de psicólogo clínico”, detalla María Díaz, estudiante del PIR: “Nadie te asegura que puedas volver a ejercer. Pero sí que después de los años de formación tienes más opciones de trabajo”. Esto ocasiona que muchos PIRs acaben trabajando en la sanidad privada. “En la pública faltan plazas para atención primaria y recursos”, concreta María Llorens, también futura PIR.

Este año, el examen se ha visto retrasado por la pandemia, ya que normalmente solía ser a finales de enero o principios de febrero. Hecho motivado, según Llorens, porque los que aprobaron en la convocatoria pasada se incorporaron a los hospitales más tarde.

El covid-19 también ha ocasionado que el día 27 de marzo se extremen las medidas de seguridad: todos los alumnos con mascarillas y gel propios; distancias de seguridad; y ventilación de las aulas. Para María Llorens esto aumenta el nerviosismo para afrontar un examen de 175 preguntas tipo test con una duración de cuatro horas.  A esto se suma la dificultad de presentarse a un cuestionario de temario libre. “Incluso llevando el examen bien preparado siempre hay preguntas que te descolocan. No te puedes guiar por cómo fue los dos últimos años, porque cada año el PIR es una novedad. La dificultad varía cada año”, narra María Díaz.

Gema Gil es la primera vez que hace frente al PIR y no cree que vaya a poder conseguir plaza este año. “Por todas las circunstancias que han acompañado al estudio como las derivadas de la pandemia, pero también las personales: encontrarse en el paro y haciendo suplencias de vez en cuando. Por ello, no he podido dedicarme 100% al estudio del PIR”, relata Gil.

“Este año no sé si sacaré plaza, para mí ha sido muy complicado”, comenta Díaz. A finales de febrero, su pareja dio positivo en covid-19 y ambas tuvieron que hacer aislamiento, lo que hizo que tuviera miedo de no poder llegar al día 27. “Al final se solucionó muy rápido, mi pareja fue negativa muy pronto, pero fue muy duro. Este año me presento para ver mi posición y luego tomare decisiones. Aunque supongo que lo seguiré intentando porque es mi sueño”, añade.

El pesimismo de Díaz lo comparten sus compañeras. “Hay pocas personas que consigan la plaza a la primera, la media se encuentra en tres o cuatro convocatorias”, explica Gema Gil. Laura Carrasco es la primera vez que se presenta al examen y se encuentra en línea con Gil: “Por mucho que te digan que hay gente que lo consigue a la primera, no esperas ser tú esa persona”.

Las alternativas al PIR: un máster habilitante

“Desde mi punto de vista, ser psicóloga clínica es el sumun de la piscología y el PIR es la mejor manera de acceder a esto. Por ejemplo, un máster habilitante a la hora de la verdad tiene muchas carencias en relación al PIR”, lamenta Gema Gil, que llego a barajar la realización de este curso, pero que finalmente se decidió por el PIR.

Laura Carrasco, por su parte, piensa que no está bien que tengan que realizar un máster para poder ejercer como psicólogos: “La nota de corte para los másters es altísima, no todo el mundo puede acceder y acaban yéndose a la privada, donde los precios son más altos”

A pesar de tener una media de 7,2 es el problema al que se enfrenta María Gil. “Mi media no es ni muy alta ni muy baja y con ella no entró en la universidad pública. Hay un cuello de botella, los psicólogos tenemos problemas para acceder al PIR, pero también al máster”, denuncia.

Sin embargo, María Llorens no se plantea realizar este tipo de curso. “Yo quiero seguir con el PIR, porque para mí es importante esta lucha para trabajar en la sanidad pública. Se nos necesita a los psicólogos. Creo que es importante. Seguiré con ello, porque mi idea es trabajar en la sanidad pública, donde se nos requiere”, finaliza.