Cuarenta años conviviendo con el sida: la pandemia silenciosa

Crespón rojo pintando en una pared, un gesto simbólico para reivindicar el Día Mundial de la lucha contra el VIH sida

Crespón rojo pintando en una pared.

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No tiene rostro, no distingue de sexo, edad, nacionalidad, orientación sexual o estatus social. Hace 40 años se describió por primera vez una enfermedad que se ha convertido en una de las más letales pandemias para la humanidad: el sida.

Ya no acapara tantos titulares y solo salta a las noticias cuando algún famoso resulta contagiado. Pero ha afectado a todos los países y sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo; hasta el momento han fallecido casi 33 millones de personas, según la Organización Mundial de la Salud.

El sida (síndrome de inmunodeficiencia adquirida) es una condición patológica crónica causada por el virus de inmunodeficiencia humana; es la última etapa de la infección por VIH, caracterizada por un daño severo al sistema inmunológico que conduce a la muerte del paciente como resultado del desarrollo de infecciones oportunistas, tumores malignos, o daño al sistema nervioso central.

Con el sida, la inmunidad se debilita tanto que cualquier enfermedad concomitante puede ser fatal. Durante la enfermedad, los virus y las bacterias afectan los órganos vitales, incluido el sistema musculoesquelético, el sistema respiratorio, la digestión y el cerebro.

El VIH vive y se multiplica solo en el cuerpo humano. La infección se encuentra en todos los fluidos corporales de una persona enferma. Sin embargo, es en la sangre, el semen, las secreciones vaginales y la leche materna donde se encuentra suficiente VIH para infectar a otra persona. La saliva, el sudor y la orina no contienen suficiente virus para infectar.

La forma más común y natural de transmisión del VIH es a través de las relaciones sexuales. También se puede adquirir a través de transfusiones de sangre, o agujas y jeringas contaminadas con sangre infectada. Puede transmitirse de madre a hijo en el embarazo, así como durante el parto o la lactancia.

UN POCO DE HISTORIA

Los primeros casos de la enfermedad se detectaron a fines de la década de 1970 en África Central, el Caribe y Estados Unidos. Sin embargo, muchos científicos creen que todo comenzó incluso antes, entre 1926 y 1946. Investigaciones recientes sugieren que el virus de la inmunodeficiencia humana puede haber aparecido ya en el siglo XVII.

La teoría principal sobre el origen del VIH apunta a que es natural. La ciencia conoce varias cepas del virus de la inmunodeficiencia del mono y la transmisión del virus de un mono a una persona podría haber ocurrido hace bastante tiempo, como se evidencia en estudios retrospectivos, pero el virus se propagó más allá del territorio del continente africano solo a fines de la década de 1970.

El sida fue descrito por primera vez el 5 de junio de 1981 por Michael Gottlieb, un científico estadounidense del Centro para el Control de Enfermedades. En 1983, el científico francés Luc Montagnier, del Instituto Pasteur, estableció la naturaleza viral de la enfermedad, y en 1984 Robert Gallo, director del Instituto de Virología Humana de la Universidad de Maryland (EEUU), logró aislar el virus. En 1987, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el Programa Mundial contra el SIDA. Desde ese momento, el mundo entero ha estado luchando contra la propagación del VIH/SIDA.

EL SIDA EN NUESTROS DÍAS

Unos 38 millones de personas viven con el VIH en todo el mundo y 12 millones de ellas no tienen acceso al tratamiento. Más de dos tercios de los contagiados son de la Región de África de la OMS (25,7 millones). Al mismo tiempo, la epidemia del VIH se está propagando más rápidamente en Europa del Este y Asia Central que en cualquier otro lugar.

Solo en 2019, 690.000 personas murieron de sida y enfermedades relacionadas. Ese mismo año, 1,7 millones de personas se enteraron de que tenían VIH.

LA PREVENCIÓN, LA ÚNICA ‘CURA’

Aún no se ha encontrado un medicamento que pueda eliminar el VIH del cuerpo, por lo que la infección sigue siendo incurable. Pero se puede controlar con terapia antirretroviral, que previene el desarrollo de la enfermedad hasta la etapa de sida. El tratamiento retarda la progresión de la infección por VIH y su progresión a sida al reducir la concentración del virus en la sangre. Esto reduce el riesgo de transmisión del virus, así como el riesgo de desarrollar enfermedades oportunistas, y el sistema inmunológico se restaura lo suficiente como para que el cuerpo pueda combatir la mayoría de las enfermedades por sí solo. El inicio temprano del tratamiento y la alta adherencia del paciente a la terapia, aumentan significativamente la esperanza de vida, que por tanto puede alcanzar incluso los 75 años.

De cualquier manera, esto no es motivo para cantar victoria. La pandemia de sida sigue ahí, cobrando sus víctimas cada día. La única forma de ‘curarla’ es prevenir la infección tomando todas las medidas profilácticas posibles, en primer lugar practicando el sexo protegido.