Hasta hace apenas unas semanas, Madrid presumía de cifras récord. En 2024 se realizaron 356.997 pruebas de detección precoz de cáncer de colon y recto, un 21% más que el año anterior. Los resultados parecían confirmar la buena marcha del programa: casi 500 tumores detectados y más de 2.900 lesiones premalignas localizadas a tiempo. Pero la cifra que estalló en los titulares fue otra: 571 personas recibieron por error cartas que les decían que su test era negativo cuando en realidad era positivo.
El origen estuvo, según Sanidad, en un fallo informático durante la actualización de los ficheros. Los afectados fueron avisados por SMS y recitados para nueva evaluación, pero el daño reputacional ya estaba hecho. El incidente, ocurrido en un programa que se basa en la confianza absoluta entre administración y paciente, encendió las alarmas dentro y fuera de la región.
La fortaleza de un cribado no se mide solo en pruebas realizadas sino en la fiabilidad con que se comunica cada resultado
El Colegio de Médicos pidió revisar el sistema de validación y seguimiento de resultados, mientras asociaciones de pacientes insistieron en la necesidad de publicar indicadores de trazabilidad y tiempos hasta colonoscopia. Madrid asegura haber reforzado la auditoría interna y recuerda que el PREVECOLON ha multiplicado su cobertura desde 2019.
El fallo coincidió con otro frente abierto. La Comunidad comunicó al Ministerio de Sanidad que no enviará los datos completos de sus programas de cribado hasta que exista un protocolo común de indicadores. El Gobierno central estudia exigirlos por vía formal y ha convocado al Consejo Interterritorial el 12 de noviembre para abordar la cuestión.
Sin datos homologados es imposible medir si un cribado cumple su objetivo o solo alimenta la estadística
Mientras tanto, Madrid continúa con la ampliación del programa de mama (DEPRECAM), que incorporará a las mujeres de 45 a 74 años —hasta ahora 50-69—. Sanidad calcula que el cambio beneficiará a casi medio millón de nuevas participantes en los próximos tres años. En paralelo, el programa de cérvix CERVICAM adopta la detección del VPH como prueba principal e introduce la autotoma en farmacias para mujeres jóvenes, un paso que busca aumentar la participación y reducir desigualdades territoriales.
Al sur, la Junta de Andalucía encara su propia crisis. A finales del verano se destaparon retrasos en el seguimiento de casos detectados en el cribado de mama: más de 2.300 mujeres esperaban revisión de lesiones catalogadas como BI-RADS 3. La respuesta ha sido un plan de choque dotado con 101 millones de euros y 700 nuevos profesionales para reforzar la red de diagnóstico y los programas de mama, colon y cérvix.
Los primeros objetivos son reducir los tiempos de citación, automatizar alertas y publicar resultados trimestrales. La Junta reconoce que la demora en los seguimientos mina la confianza y puede neutralizar el beneficio del cribado.
La prevención solo funciona cuando cada hallazgo sospechoso se confirma a tiempo y se hace público el cumplimiento de plazos
El contraste autonómico sigue siendo enorme. Euskadi continúa como referencia estatal, con un 73% de participación en el cribado colorrectal y un 91% de adherencia a colonoscopia tras resultado positivo. En el extremo opuesto, hay regiones que aún no alcanzan el 40% de respuesta. El promedio nacional se sitúa en torno al 41%, lejos del umbral del 70% que la OMS considera necesario para reducir la mortalidad.
| Comunidad | Programa | Rango edad | Último dato clave | Observación |
|---|---|---|---|---|
| Madrid | Colon (PREVECOLON) | 50–69 años | 356.997 pruebas (+21%) en 2024 | Error de notificación a 571 pacientes |
| Madrid | Mama (DEPRECAM) | 45–74 años (en ampliación) | 451.370 mamografías 2023-24 (+4%) | Cuellos de botella en citaciones |
| Andalucía | Mama y colon | 50–69 años | Plan 101 millones €, 700 profesionales nuevos | Retrasos en seguimientos |
| Euskadi | Colon | 50–74 años | 73% participación y 91% adherencia | Modelo de referencia nacional |
La brecha autonómica no está en la ley sino en la capacidad de atraer, citar y acompañar a cada paciente dentro del circuito
Los expertos insisten en que la digitalización y la automatización de avisos son esenciales, pero que el verdadero salto cualitativo vendrá de la transparencia pública. Publicar tasas de participación, tiempos hasta diagnóstico y distribución geográfica de casos detectados permitiría comparar y corregir deficiencias.
Los programas de cribado representan uno de los pilares silenciosos de la sanidad pública. Detectan el cáncer antes de que dé síntomas, evitan tratamientos agresivos y reducen mortalidad. Pero su eficacia depende de la confianza social. Cuando se rompe —por fallos técnicos o falta de datos—, cuesta reconstruirla.
El cribado de cáncer Madrid se encuentra ahora en ese punto de inflexión: entre la expansión ambiciosa de sus programas y la necesidad de blindar sus procesos. Si los anuncios se acompañan de transparencia y control, el error de febrero quedará como una lección. Si no, será recordado como la grieta que reveló las costuras de un modelo sin auditoría pública.
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