Nick Cave & The Bad Seeds se enfrentan al dolor en ‘Skeleton Tree’

Nick Cave & The Bad Seeds ‘Skeleton Tree’
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El cantante australiano graba y pública un disco sincero y emotivo marcado por el trágico fallecimiento de su hijo. He de decirlo. La elección no ha sido fácil. Me daba bastante reparo escribir sobre ‘Skeleton Tree’, el disco de Nick Cave & The Bad Seeds, del que, finalmente, vamos a ocuparnos esta semana. La trágica historia que rodea esta obra y que ha condicionado su lanzamiento internacional es conocida y ha convertido el nuevo álbum de este peculiar cantautor australiano en otra cosa, un alegato artístico que, para desgracia de su autor, se eleva por encima de las canciones que contiene.
 
Me imagino que estarán al tanto, pero, por si acaso, resumo el caso. Cuando Cave se encontraba en plena grabación de esta colección de canciones, con casi todo el material ya terminado, según parece, se produjo un hecho terrible y luctuoso. Su hijo adolescente falleció tras caerse por un desfiladero cuando estaba colocado y fuera de sí, como consecuencia de un mal viaje de ácido.
 
Supongo que la decisión no sería fácil. Pero Cave optó por seguir adelante con la grabación, terminarla y publicarla. Acompañada, además, de un documental, titulado ‘One More Time With Feeling’, en el que el artista abrió su corazón y la puerta de su casa al director Andrew Dominik, que optó por mostrar al público el impacto de la tragedia prescindiendo de cualquier edulcorante, según cuentan quienes han podido ver la película.
 

 
El film al que, por el momento, sólo han tenido acceso en España algunos representantes seleccionados de los medios de comunicación, funciona, además, como la única pieza promocional que le hará compañía, más allá de toda la literatura que, como pasa con esta misma reseña, se vaya generando en estos días espontáneamente.
 
La verdad es que resulta comprensible que Cave haya renunciado a las entrevistas y a los viajes y ha preferido dar las pertinentes explicaciones de esta manera, en lugar de verse obligado a la tortura de contestar mil veces las mismas preguntas a montones de periodistas de todas las nacionalidades.
 
Sin embargo, es imposible pretender que, en este contexto, cualquiera que se ponga a escuchar las ocho canciones que componen este trabajo y que se extienden a lo largo de 39 minutos de música elegíaca no tenga bien presente la tragedia a la hora de enfrentarse a estas canciones que, si bien no están demasiado alejadas del terrible universo habitual de su autor si están más que impregnadas de un dramatismo adicional que condiciona la opinión del oyente.
 

 
En realidad, estamos ante un disco continuista en el que Cave y su banda habitual liderada por Warren Ellis se mueven con soltura por el muy personal universo sonoro y temático que han definido y dibujado perfectamente a lo largo de los años. Un poco más agobiante de lo habitual, quizá, e incluso más cercano a la manera de hacer de otros famosos cantantes veteranos de voz ronca como el mismísimo Leonard Cohen.
 
Probablemente tampoco hubiera sido inteligente esperar otra cosa en la obra de un artista que ha acumulado credibilidad y fans desde hace años y que, a estas alturas, se ha convertido en una especie de clásico, tan intocable y alabado por los críticos como otros notables habitantes de las carreteras más oscuras del pop y el rock como el también intocable Tom Waits.
 
Además, el álbum está más que bien desde luego y tiene unas cuantas canciones desgarradoras de esas que se quedan en la memoria, como ‘Girl in Amber’, mi favorita por el momento, o ‘Rings of Saturns’donde Cave habla de una suerte de mujer fatal enigmática y traicionera que podría, o no podría, interpretarse como una metáfora de la muerte.
 
Hay también algunos modismos y ciertas decisiones a la hora de enfocar los arreglos, como los coros en clave de canción lírica que realiza Else Torp en el tema ‘Distant Sky’ que han provocado cierta división de opiniones en los críticos. Unos consideran que la voz operística de la soprano danesa convierte la pieza en algo sublime y otros que la arruina por completo.
 
Es obvio que los buenos conocedores y degustadores de la obra de Cave no parecen compartir el entusiasmo por este disco que si tienen los nuevos acólitos del culto que se están incorporando a toda velocidad en los últimos días a esta secta tan peculiar. Sobre todo, en España, donde nunca hasta ahora un disco de este artista australiano había llegado a situarse entre los diez primeros de la lista de los más vendidos.
 
Aunque no creo que ese sea un motivo suficiente para restarle puntos al álbum o presuponerle una calidad inferior a la que tienen otras obras del propio Cave. Yo encuentro que ‘Skeleton Tree’ está en la media, o quizá un poco por encima de lo habitual y si bien no me entusiasma, habría que señalar que me sucede lo mismo que con casi todos los álbumes de este hombre que he oído.
 
Quizá el secreto esté en consumir el producto en tragos cortos. En esas pequeñas dosis de tiempo en las que, en mi opinión, estas canciones dan todo de sí. O esa ha sido, una vez más la manera, en la que me he enfrentado y he disfrutado de un disco que no me resultaba fácil escuchar de una sola sentada. Demasiado monocorde y recitativo para mi gusto, más orientado hacia las melodías, oscuras o luminosas, me da igual, que hacia la declamación de salmos.
 
Dicho esto, sí creo que, con todas las salvedades anteriormente enumeradas, es probable que estemos ante uno de esos discos que marcan el final de una época. Tal vez, incluso para el propio Cave que, seguramente, necesitará tomarse un buen respiro y sanar su corazón y su alma antes de decidir qué camino le conviene tomar. Desde aquí le deseamos lo mejor y le agradecemos su coraje, su honestidad y sus canciones. Tanto estas como las anteriores.