El artista sevillano presenta su quinto disco en solitario, titulado ‘Para mi gente’, y amplia sustancialmente su paleta sonora. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que la única manera de escuchar música nueva cantada en castellano era aficionarse al ‘rap’. Gracias a esa curiosa carambola, algunos tipos como yo, se encontraron con artistas tan interesantes, como el sevillano Shotta, un tipo chuleta, pero con buen corazón que nunca disparaba al aire sus palabras.
Luego gracias a algún bendito programa de la radio pública (¡¡¡viva ‘El Rimadero!!!) supimos alguna cosa más. Como, por ejemplo, que Shotta era hermano de otro tipo interesante llamado Tote King, o que ambos, y algunos otros, representaban la aportación sevillana a un movimiento que crecía imparablemente y parecía listo para las grandes audiencias.
Algunos lo lograron. Como esa Mala Rodríguez que ha sonado hasta en el iphone de Barack Obama. O Nach. O los Violadores del Verso. O los mismos Tote y Shotta. Artistas que dentro de nada podrán reclamar la condición de clásicos y a quienes ya les ha salido la dura competencia juvenil de los acólitos del ‘trap’.
En estos días, Shotta presenta su quinto disco en solitario, titulado ‘Para mi gente’. Una colección de 18 temas que alcanza prácticamente una hora de duración, y que ha obtenido críticas favorables en las publicaciones modernas. Un álbum largo pero intenso que atrapa desde la primera escucha.
La veteranía es un grado. Y eso sucede también en el rap. En este álbum Shotta amplia sustancialmente su paleta sonora al coquetear con las nuevas músicas electrónicas, sin olvidar sonidos más clásicos como el dub o el flamenco. Además, reivindica su oficio con la misma chulería de siempre y también su derecho a seguir un camino propio sin preocuparse de las tendencias en boga.
Además, Shotta mantiene su preocupación por la desintegración social que devasta el país por culpa de la crisis, y la intención claramente política de algunos textos en los que se atreve a poner a caldo a la clase política española sin eludir dar los nombres y los apellidos de los personajes a quienes critica. Pues eso. Rap maduro y concienciado, hecho por un artista que no tiene miedo a hablar de lo que le preocupa.
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Shotta, un rapero sin miedo a las palabras
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