‘Luiza Lian’, un disco de Luiza Lian

Luiza Lian

La cantautora de Sao Paulo devuelve a la vida al mejor del tropicalismo brasileño en su primer álbum. Por lo visto, vuelve a haber vida inteligente en la ciudad de Sao Paulo. Y alternativas de pop exquisito y refrescante que tener en cuenta. Como la que representa Luiza Lian, una joven cantante y compositora paulista, que ha publicado hace muy poco su primer disco, titulado simplemente con su nombre, sobre el que me propongo contarles mis impresiones en este texto.

Ya se sabe que, musicalmente hablando, Brasil pinta mucho en el panorama global. Aunque, demasiadas veces, todo ese supuesto conocimiento de las propuestas sonoras que se cuecen en este gran país sudamericano funciona casi en sentido inverso. Y la fama alcanzada, desde la segunda mitad del siglo XX por algunos estilos nacidos en este territorio ha servido también para lanzar hacia inescrutables de sombra a muchos artistas que se merecían mejor suerte.

Sepultados y lejos de los focos de los medios de comunicación internacionales, algunos músicos brasileños recientes se ven obligados a luchar cada día con la omnipresente permanencia en los escenarios de los viejos, y maravillosos monstruos, que alumbraron la bossa-nova, o el primer tropicalismo. Es una batalla, dura ingrata y que quizá no quisieran librar. Y, además, resulta muy difícil mandar al asilo a, pongamos, un Caetano Veloso o un Milton Nascimento, o un Djavan o un Gilberto Gil.

Pero, sin ánimo de ofender, a lo mejor nos vendría bien alejarnos de las chicas de Ipanema, y sus derivados carnavalescos de cualquier pelaje, durante una temporada y empezar a recorrer otros paisajes igualmente gratos y genuinos. Más de un alma sensible a la dulzura de los sonidos luminosos iba a llevarse una sorpresa y una alegría después de una somera exploración. Que ni siquiera necesita ser exhaustiva.

Están, desde luego, todos esos grandes que hemos nombrado antes, y otros a los que nos hemos referido pero todos ustedes conocen como Toquinho, Jobim o Vinicius de Moraes. Pero, lamentablemente, otros maravillosos locos contemporáneos de estas fieras no gozan de tanto predicamento. Nos referimos, a Tom Zé o a Os Mutantes, por ejemplo, artistas de culto, mucho menos conocido del gran público mundial. Y, sin embargo, responsables de buena parte de la música más refrescantes y divertida que se ha producido jamás en aquel país.

Aunque tal vez cometieron el pecado de usar guitarras eléctricas de cuerdas de acero y armonías bastante menos complicadas de lo habitual en estas tierras. O el de ser irreverentes, casi dadaístas en ocasiones y atreverse a no tomarse demasiado en serio absolutamente nada. Y mucho menos, por supuesto, a sí mismos. Pero amigos, cuando uno ha caído alguna vez preso del encanto de la gran Rita Lee, ya no hay vuelta atrás. Y eso que ya ha cumplido los sesenta hace tiempo.

Y, aunque sea pronto para decirlo, puede que esta jovencita desprejuciada y debutante de cuyo disco nos ocupamos hoy comparta con su veterana antecesora esa ancestral capacidad de fascinar al oyente que caracteriza a las divas irrepetibles. Yo mismo temo sentirme abducido ya por Luiza Lian. Y eso que hace poco más de un mes que tuve por primera vez noticia de la existencia de esta mujer gracias al portal especializado ‘zonadeobras.com’.

Lo que pasa es que la chica juega fuerte y enseña las cartas desde el principio. Desde esa maravillosa canción titulada ‘Chororô’, con la que se abre el disco y que es mi favorita por el momento. Aquí ya está todo lo necesario. La quinta esencia del pop psicodélico brasileño que tanto amamos algunas legiones de aficionados repartidos por el mundo. Las voces suaves, el ritmo seductor y, claro, las guitarras eléctricas cortantes y bien saturadas y esos estribillos pegajosos que también resultan indispensables.

Luiza y sus muchachos demuestran, además, a lo largo de estas 13 canciones que se extienden a lo largo de 49 minutos de música, que conocen lo suficientemente bien la fórmula para no tener que repetirla más de lo conveniente. Y que, por si alguien lo dudaba, disponen de unos cuantos trucos más en su flamante chistera. Y, encima tienen el descaro de atreverse con todo, animados por una jefa que parece disfrutar con todas y cada una de las locuras que inventa su equipo.

Desde los punteos imaginativos y limpios en los que reluce el ‘bigsby’ en ‘Linda, Linda’, por otra parte un medio tiempo ideal para marcarse un baile agarrado y verbenero, hasta la frescura, cadenciosa y ‘quedona’ de la magnifíca ’Coroa de Flores’, un pedazo de single como mandan los cánones, cuya ausencia en las radios hispanas, es sólo una muestra más de la conspiración de los disc-jockeys sordos que se ha hecho con el poder en nuestras ondas hertzianas.

Sin olvidarnos de las melodías susurrantes de esencia caliente, arropados por mullidas guitarras de cuerdas de nylon, con que se inicia la dramática ‘A Luz Da Velas’ que parecería adecuada para ser la bandas sonoras de una vieja telenovelas de O`Globo. De no ser por ese final centelleante y roquero que pareces sacado, a puro zarpazo de Hammond, de las cabalgadas más intensas de los mejores Deep Purple.

¿Se imaginan esa mezclan? Pues todavía suena mejor de lo que han podido pensar. Maravilloso, de verdad, y sin paliativos. Según las crónicas disponibles, una de las explicaciones de la portentosa técnica y la imaginación desbordante que rodean a este disco es que la alineación de instrumentistas seleccionada contiene a los mejores de esa nueva escena paulista a la que nos hemos referido y en la que prometemos sumergirnos más a fondo próximamente para seguir informando.

De momento, podemos ofrecerles unos cuantos nombres que deberían anotar desde ya, visto lo visto. Tipos como el teclista y guitarrista Martim Bernardes y el bajista Guilherme D’Almeida, que militan en O Terno, potentísima banda deudora a la vez de Os Mutantes, claro, y The Kinks. O como Juliano Abramovay el mago de la guitarra ‘manouche’ de Grand Bazaar. Y también andan por aquí, Tomás de Souza a los teclados y Charles Tixier en la batería, ambos miembros de la descacharrante banda Charlie & Os Marretas.

En definitiva, un álbum con todos los sabores de la gran música brasileña de los setenta pero hecho por artistas que empiezan a despuntar ahora. No se dejen engañar y olvídense para siempre de aquello de que la ‘música antigua’ es la mejor y demás cantinelas de vejez juvenil recalcitrante. Hay músicos como Luiza Lian y sus amigos que están grabando ahora los clásicos del futuro.

Y si no tuvo la suerte de conocer a Gal Costa cuando inició su revolucionaria carrera, puede consolarse. Aquí hay alguien que empieza y va a llegar muy alto. Por lo menos, hasta el infinito y más allá, como diría ese loco maravilloso que se llama Buzz Light Years y es, probablemente, el verdadero gurú de las mentes psicodélicas de hoy mismo. O eso me parece a mi.