¿Cómo gestionar los problemas con tus vecinos?

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En las últimas décadas, la vida en las ciudades gallegas se ha transformado por completo. Muchos habitantes de zonas rurales, se han ido a vivir a alguna de las cinco urbes principales. En el caso de A Coruña y Vigo, ambas ciudades conocidas por su industria, el aumento de población ha sido especialmente notable. De esta forma, los modos de vida han cambiado y la sociedad ha experimentado una transformación: ha pasado de vivir en casas individuales para hacerlo en edificios. En consecuencia, la manera de relacionarse entre nosotros también ha variado, por eso no es de extrañar que, de vez en cuando, un ciudadano eche mano de las Páginas Amarillas para quejarse del ruido que hace otro vecino o de los desperfectos que ha causado en el edificio. Bueno, más bien para poder dar con el profesional capaz de ayudarle a informarse de sus derechos o interponer una denuncia (llegado el caso).

Convivir no es tarea fácil y, todavía puede serlo menos, si no conocemos demasiado o no tenemos demasiada confianza con nuestro vecindario. Vivir pared con pared hace que tengamos que ser mucho más cuidadosos con lo que hacemos dentro de la vivienda, ya que el vecino de al lado puede verse afectado por nuestro nivel de decibelios o por ciertos hábitos molestos. Y, por supuesto, también nosotros mismos podemos sufrirlos.

A pesar de que la convivencia puede ser dificultosa, existen una serie de pautas que podemos poner en práctica, tanto nosotros como nuestros vecinos, y que podrán evitar llegar a situaciones incómodas y malas caras.

– Fijarse en si nuestros vecinos y vecinas pueden verse afectados por nuestro modo de vida dentro de la vivienda: ¿A qué volumen ponemos la música? ¿Y la televisión? ¿A qué hora ponemos la lavadora en marcha? ¿Hasta qué hora nos quedamos de fiesta con nuestros amigos en casa? ¿Qué día de la semana?

– Conocer a los vecinos: en el ascensor, en el portal, en las reuniones de la comunidad… Todas ellas son buenas ocasiones para conocer al resto del vecindario, un gesto que, aunque pueda parecer anodino, ayudará a crear un mejor ambiente y confianza.

– Informarse sobre qué zonas del edificio son espacios comunes: aunque parece evidente, es importante ser conscientes de qué zonas son espacios comunes y cuáles no. Esto evitará, por ejemplo, que dejemos la bicicleta en un parte que no es solo nuestra, lo que podría molestar a los demás y podría obstaculizar los desplazamientos dentro del edificio.

– Comunicarse: si, como en el ejemplo anterior, tenemos una bicicleta y no disponemos de un garaje para aparcarla, siempre podemos hablar con el vecino de enfrente o con el resto de vecinos para barajar la posibilidad de dejarla en el rellano. Aunque pueden oponerse, siempre será mejor que hacerlo sin permiso y enfrentarse a problemas futuros.

En cualquier caso, si los problemas ocasionados en nuestro vecindario no se solucionan por la vía del diálogo y la empatía, siempre podemos asesorarnos con un profesional. Si vivimos por ejemplo en A Coruña, bastará con que entremos en internet y busquemos abogado en A Coruña y encontraremos una lista de profesionalesque podrán aconsejarnos sobre cualquier situación de día que pueda tornarse en conflicto. Recuerde también que puede dirigirse a las organismos públicos de su ciudad para informarse sobre qué puede y qué no puede hacer para solucionar dicho problema.

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