Buscando pesetas en los hogares cubanos

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El amigo y periodista español Carlos Humanes, en su manera tan peculiar de explicar las cosas, en más de una oportunidad les decía a sus paisanos cuando visitaban por vez primera la isla: “Consulten la guía telefónica. Ahí está la presencia española.”

Y en esa minuciosa búsqueda alguien encontró, para sorpresa del propio promotor, un hombre de apellido Humanes. “Vaya, Carlos, te apareció un pariente”, le decía en broma mientras el otro mal disimulaba su asombro.

Después de Argentina, según los especialistas, Cuba ha sido el destino con mayor migración gallega y, por extensión, de todos los rincones de la península. Desde el 19 de octubre de 1868 hasta el uno de enero de 2002, la peseta encontró algún que otro refugio en los sitios más insospechados de la isla.

Anuncios de compra-venta emitidos por numismáticos y coleccionistas, más informaciones recientes del Banco de España han dado cuenta del alto valor en euros de algunas de esas monedas que han desatado en algunos descendientes una frenética búsqueda entre los pocos recuerdos que permanecen de sus antepasados.

Curiosidad y necesidad de la mano de la actual crisis han sido las principales causantes de tan peculiar búsqueda, captura y clasificación.

Y han comenzado a aparecer. Era de esperar. Ahí están, por ejemplo, 10 céntimos emitidos en níquel, del 1953; 25 pesetas con agujero central de Castilla-La Mancha; una peseta con la efigie de Franco, de 1966, y otras tantas más.

Como todo en la vida tiene su tiempo, pronto embarcarán de vuelta a su otra casa, a la impaciente espera de que regresen convertidas en euros que falta hacen “Por la gracia de Dios.”

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