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¿Puede estar Lorca enterrado en el Valle de los Caídos?

La oreja indiscrita
La oreja indiscrita
El lugar donde reposan los restos del poeta sigue siendo un misterio. Hay diversas teorías, incluso alguna leyenda.
Ni a la primera ni a la segunda. Tampoco a la tercera. Porque han sido han sido hasta tres las excavaciones subvencionadas por la Junta de Andalucía para localizar los restos de Federico García Lorca. Y esta tercera búsqueda (la segunda en el mismo lugar) tampoco ha sido la definitiva. La parcela catastral nº 10812ª00900029, en el barranco de Viznar, término municipal de Alfacar, provincia de Granada, no ha desvelado el enigma de dónde está enterrado el poeta granadino. Allí los equipos dirigidos por el historiador Manuel Caballero, el arqueólogo Javier Navarro y el catedrático de geofísica Francisco García han vuelto a pinchar en el vacío. Nada de nada. Tan solo dos casquillos de bala. Muy poca munición para un paraje que estaba señalado como “campo de instrucción” y “lugar de fusilamiento” de decenas de represaliados en aquel verano sangriento de 1936. Han pasado más de 80 años y la pregunta sigue siendo la misma ¿qué ocurrió con los restos del poeta?
 
Primero falló Ian Gibson, el biógrafo más famoso de Lorca, pero no de su asesinato y entierro, quien llegó a declarar: “toda esta historia de la búsqueda del cadáver de Lorca me está volviendo loco”. Y es que Gibson se dejó llevar por el testimonio de Manuel Castilla, conocido como “el Comunista”, que en 1955 le dio al escritor norteamericano Agustín Penón y, posteriormente, a él mismo en 1966: el paraje de Fuente Grande, en Alfacar, a nueve kilómetros de Granada donde se construyó posteriormente el parque Federico García Lorca con un monolito en su memoria. Allí tenía que estar el cadáver. Ese lugar fue agujereado en 2009 y todo estaba vacío. Tampoco aparecieron los restos de los compañeros de martirio del poeta: el maestro cojo, Dióscoro Galindo; los banderilleros anarquistas, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, y, quizá, el inspector de tributos Fermín Roldán.

Lorca


Tomó fuerza entonces la tesis ya señalada en 1979 por el periodista Eduardo Molina Fajardo en “Los últimos días de García Lorca” (el mejor estudio sobre el crimen publicado en 1983 tres años después de la muerte de su autor): el lugar sería “el Caracoral” paraje ubicado en dirección a Viznar, a unos 430 metros al sureste del señalado antes por el escritor irlandés. Es ahí donde se ha buscado ahora con resultado también negativo.
 
Nuevas teorías se abren paso ante estos fracasos. La más probable de todas es que, poco después de sus fusilamientos, los cadáveres fueron desenterrados y trasladados a alguna fosa común de un cementerio cercano. Unos dicen que fue por orden de Francisco Franco, después del 1 de octubre de 1936, cuando ya era Jefe del Gobierno del Estado. El escándalo del asesinato del poeta había saltado a la prensa internacional. El 12 de octubre de 1936, The New York Times publicó: “Consternación ha causado la muerte del conocido poeta español Federico García Lorca. Aparentemente asesinado detrás de líneas insurgentes”. Si los restos terminaron en una fosa común, no hay que descartar que desde ahí, en 1958, se realizara su traslado al Valle de los Caídos en Madrid. Ese año desde el Gobierno de Franco se ordenó desenterrar fosas comunes de muertos de la Guerra Civil sin identificar que se hallaban en los cementerios para trasladar todos los restos al mausoleo del valle de Cuelgamuros. El sobrino del poeta, Manuel Fernández Montesinos, concedió en junio de 1976 unas declaraciones a la revista Gaceta Ilustrada donde señaló esta posibilidad. Su padre, alcalde de Granada en 1936, también había sido fusilado por los nacionales y, según afirmó su hijo, Franco intentó en 1959 que los asesinados de la familia García Lorca reposaran bajo la cruz en la sierra del Guadarrama. La familia del poeta se movilizó y realizó diversas gestiones para que no se ejecutara esta operación. También en 1983, Daniel Sueiro publicó en “El Valle de los Caídos: los secretos de la cripta franquista”, datos y testimonios donde se respaldaba esta misma versión.

Valle de los Caidos


Recientemente, en 2009, los investigadores Miguel Caballero y María Pilar Góngora, en su libro “Historia de una familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca” se sumaron a la posibilidad de que los restos del poeta se encuentren en el Valle de los Caídos. Afirman que, hasta el año 1983, estuvieron llegando restos al mausoleo franquista (el último enterrado fue el que fuera alcalde de Villafranca del Penedés, Juan Álvarez de Sisternes, asesinado por milicias anarquistas en Barcelona también en agosto de 1936) y puede que algunos de estos restos correspondan a las fosas comunes que se encontraban en el camino de Viznar a Alfacar. La familia del poeta siempre ha negado esta posibilidad.
 
¿Entonces, dónde estaría enterrado Lorca? A los investigadores siempre les ha llamado la atención la negativa de la familia del poeta, el muerto más famoso de nuestra contienda fraticida, a colaborar en la búsqueda de sus restos. Siempre se han opuesto a las excavaciones ordenadas por el gobierno andaluz, llegando incluso a anunciar que no participarían en la identificación de los cadáveres. ¿Por qué esta negativa? Esta Oreja conoce la leyenda, corroborada por algunos testimonios, de que, poco después del asesinato del poeta, sus familiares pudieron desenterrarlo y sepultarlo en su casa o en algún cementerio bajo un nombre falso. Eduardo Molina Fajardo sí pudo documentar varios testimonios directos que relataron la actitud de los familiares de Federico en las horas posteriores a su detención. “Estaban como locos”, señalaron. “Primero fueron a buscarle al Gobierno Civil, siguiendo su rastro días después hasta la sierra de Viznar”. Un labriego de esta localidad, Joaquín Espigarés, le relató al periodista granadino lo que se contaba en el pueblo: “Se había rumoreado insistentemente que una señora fue allí con autorización del Gobierno para retirar unos restos de los pozos y que en la localidad se supuso que eran los de Federico”. Hay quien dice que el padre hizo desenterrar a su hijo y sepultarlo para siempre bajo las raíces del nogal que se yergue en el patio de la Huerta de San Vicente, casa-museo del autor en Granada. Otros testimonios apuntan al destino final de los restos en una fosa común repleta de osamentas en un cementerio, tesis que defiende Gabriel Pozo Felguera, autor del libro “Lorca, el último paseo” en 2009. O, también, en un nicho en un campo santo cercano, con una lápida bajo un nombre falso. Sea como fuere, lo importante mucho más que sus huesos es la obra universal del poeta. Nunca dejar de leerla. Como este poema, Presentimiento escrito en 1921, donde anuncia en parte su destino: “El pasado se pone su corazón de hierro y tapa sus oídos con algodón de viento. Nunca podrá arrancársele un secreto”. Como si hubiera adivinado el misterio de su muerte. 
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