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Dime tu edad y te diré qué plan de ahorro necesitas para tu jubilación

Dime tu edad y te diré qué plan de ahorro necesitas para tu jubilación
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La Asociación Europea de Asesores Financieros ha elaborado un documento con consejos para saber qué plan se ajusta más a las necesidades de cada cliente teniendo en cuenta su edad.

Los cambios demográficos que está experimentando la sociedad española, derivados de la caída de la natalidad y el incremento de la esperanza de vida, hacen imposible que el actual sistema de pensiones siga siendo viable en el medio plazo. La ratio entre número de cotizantes y pensionistas se ha situado en el 2,24, la cifra más baja de las últimas dos décadas, y seguirá cayendo en los próximos años. Esta situación obliga a los trabajadores que quieran mantener su nivel de vida tras la jubilación a trazar un plan de ahorro que les permita complementar su pensión pública.

EFPA España, Asociación Europea de Asesores Financieros, ha elaborado un documento en el que ofrece una serie de consejos a la hora de decidir qué plan se ajusta más a las necesidades de cada cliente, teniendo en cuenta su edad.

Para menores de 30 años


No hay una edad concreta para empezar a ahorrar para la jubilación. Pero sí existe una certeza. Cuanto antes empecemos, el esfuerzo de ahorro será menor. Por lo tanto, con menos de 30 años, si contamos con una cierta capacidad de ahorro, será un momento ideal para empezar. El amplio horizonte temporal nos permitirá asumir una mayor riesgo, por lo que la recomendación en este escenario es mantener una alta exposición a renta variable (>80%).

Entre 30 y 40 años


El retraso en el inicio de la vida laboral puede hacer que éste sea el tramo adecuado para tomar la decisión ya que, por fin, se dispone de una cierta capacidad de ahorro. En este caso, podríamos apostar por una mezcla más o menos compensada de renta variable (60%) con renta fija (40%). Los ahorradores más conservadores, que no quieran ninguna sorpresa, pueden apostar por los seguros de vida-ahorro. Una garantía de rentabilidad donde el asegurador y su cliente establecen un entorno de ahorro a largo plazo (incluso décadas) durante el cual el asegurador garantiza un rendimiento anual mínimo para lo aportado.

Entre los 40 y los 55 años


El momento ideal para que la renta fija tome un mayor peso que la variable (>60%). En esta etapa, existe otro producto que podría adaptarse a las necesidades de estos ahorradores. Se trata de los planes individuales de ahorro sistémicos (conocidos como PIAS), un producto más líquido y con una rentabilidad asegurada, aunque menos rentable que la de los planes de pensiones más arriesgados. Las primas irán destinadas a constituir una renta vitalicia asegurada. Un vehículo idóneo para los que pretendan ahorrar durante 10 años o más.

Si el ahorrador percibe la prestación final en forma de renta, diez años después de cuando inició el PIAS, los rendimientos generados durante los años de constitución de ese ahorro no tributan (la renta sí pero goza de importantes reducciones fiscales en función de la edad del cliente en el momento que se contrate: entre el 60% y el 92%). Por otro lado, los PIAS, que tienen un tope de 8.000 euros al año y 240.000 euros en aportaciones totales, pueden rescatarse a medio plazo.

A partir de los 55 años


Aunque llegamos un poco tarde, todavía tenemos un pequeño margen para lograr acumular unos ahorros que complementen nuestra pensión pública. El tiempo apremia y es momento de apostar por inversiones más seguras, aún asumiendo que tendrán una rentabilidad baja. Los planes de pensiones de renta fija a corto plazo (24 meses) pueden ser una buena solución para los años previos a la jubilación. Otra alternativa, los Planes de Previsión Asegurados (PPA) puede ser un producto aconsejable para personas con una edad más cercana a la jubilación, que no quieran asumir grandes riesgos y exijan una rentabilidad garantizada, aunque deberán tener en cuenta el subyacente de su PPA.

La diferencia fundamental entre los PPA y los planes de pensiones es que los primeros aseguran un tipo de interés, a través de una compañía aseguradora, mientras que los segundos no ofrecen rendimientos fijos, sino que su rentabilidad depende del comportamiento de los activos en los que se invierte y de la estrategia de la gestora.
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