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El ‘experimento’ de los tipos negativos transforma los mercados

Símbolos de porcentaje
Símbolos de porcentaje
Impensables hace sólo unos años, los bancos centrales apuestan por los tipos negativos como último recurso para reactivar la inflación.
Los tipos de interés negativos -NRIP o ‘negative interest rate policy’ en inglés- se han convertido junto a las compra masivas de bonos en el último esfuerzo (¿a la desesperada?) de los bancos centrales para intentar reflotar la inflación y darle aire al crecimiento de una economía mundial incapaz de recuperar el vigor previo al estallido de la crisis. Entre las víctimas colaterales de estas políticas se encuentra sin embargo la banca, con cada vez más dificultades para sacar rentabilidad de su negocio.
 
El pionero en estas polémicas tasas negativas fue el Riksbank de Suecia, que ya en 2009 decidió situar sus tipos de referencia en el -0,25%. Su último movimiento, en febrero de este mismo año, fue situar esta tasa en el -0,50% (frente al anterior -0,35%) ante el “debilitamiento de la confianza” en lograr su objetivo de inflación, que es del 2%. “El consejo ejecutivo todavía cuenta con un alto grado de disposición para hacer su política monetaria aún más expansiva, incluso fuera de las reuniones ordinarias”, avisó además la institución.
 
Con bastante más peso específico, un camino similar comenzó el Banco de Japón (BoJ) este mismo año, al situar por sorpresa en enero los tipos en el -0,10%. Nueve meses después, las señales apuntan no sólo a que el BoJ no dará marcha atrás a esta política, sino incluso a que podría agudizarla en sus próximas reuniones. “Estamos preparados para flexibilizar la política de nuevo, incluyendo la reducción de los tipos de interés a corto plazo, si juzgamos que los beneficios son mayores que los costes”, apuntó Haruhiko Kuroda, gobernador de la institución, en una reciente comparecencia ante la Cámara Baja del Congreso nipón.
 
Facilidad de depósito
 
Por el momento, el Banco Central Europeo (BCE) tiene situados en el 0% sus tipos de referencia, pero los hombres de Draghi ya han coqueteado con los tipos negativos a través de la facilidad de depósito, a día de hoy en el -0,40%. Esta tasa implica que la institución cobra a los bancos comerciales por depositar dinero su en ‘hucha’, en un movimiento que tiene por finalidad que las entidades se animen a otorgar más crédito.
 
Las entidades financieras, sin embargo, se lamentan de que estas políticas están erosionando su rentabilidad en un momento en el que además las autoridades están exigiendo mayores esfuerzos de capital. De hecho, según alertan los analistas de Morgan Stanley, existe el riesgo de que “acaben creando otros riesgos sistémicos”.
 
Para Morgan Stanley, la NRIP supone un “experimento peligroso” ya que es una política que puede erosionar las ganancias de los bancos entre un 5% y un 10% y poner en riesgo el crédito a través de las fronteras de la eurozona.
 
En igualdad de condiciones, los tipos de interés negativos suponen un problema mayor para los bancos que tienen una importante proporción de deuda hipotecaria con intereses variables, mientras que en el caso de una subida repentina en los intereses, las entidades penalizadas son las que apuestan por el tipo fijo. En ese sentido, además, la banca española podría ser junto a la italiana una de las más afectadas por estas políticas.
 
Rentabilidades de los bonos
 
Las políticas de tipos negativos se han dejado notar, sobre todo, en los mercados de renta fija. De acuerdo con datos de Bloomberg, actualmente hay en circulación la cifra nada despreciable de casi 10,5 billones de dólares en deuda con rentabilidades negativas, si bien se ha reducido respecto a los 12,2 billones que se llegaron a alcanzar en junio. Hace apenas dos años, el montante de títulos en los que los emisores no sólo no pagan intereses sino que los cobran ascendía a 3,3 billones de dólares.
 
Japón es el país en el que más títulos de deuda pagan ‘menos que nada’: 5,3 billones de dólares en bonos que representan un 51% del total. También cifras considerables en la eurozona, con un 44% del total y un papel protagonista para Alemania (1,3 billones) y Francia (1,3 billones), por delante de Países Bajos, España, Bélgica e Italia, países que también cobran por sus bonos.
 
Por el contrario, en EEUU la cifra de bonos con rentabilidades negativas asciende a apenas 22.000 millones de dólares, menos la mitad incluso que Reino Unido (50.000 millones de dólares).
 
Aunque los emisores soberanos –es decir, los Gobiernos- son los principales emisores que cobran por colocar su deuda, lo cierto es que las políticas de los bancos centrales también han alcanzado con cierta fuerza a la deuda corporativa. De acuerdo con estos datos, 200.000 millones de dólares en bonos corporativos presentan rentabilidades negativas. En septiembre de este año, la farmacéutica francesa Sanofis y la empresa de consumo alemana Henkel se convirtieron en las primeras empresas europeas en colocar títulos con rendimiento negativo (en ambos casos, de un -0,05%).
 
¿Giro radical?
 
El devenir del mercado de deuda ya estaba en entredicho antes de que Donald Trump se alzase con la presidencia de Estados Unidos, pero su victoria ha aumentado más la incertidumbre. Su inesperado triunfo ha sacudido los mercados de renta fija europeos, disparando las rentabilidades de los bonos y creando un problema potencial para el BCE, que ha intentado resucitar el crecimiento económico y la inflación a través de agresivas compras de bonos, tipos negativos y créditos ‘gratis’ a la banca.
 
El desembarco del presidente Trump en la Casa Blanca no sólo ha afectado a la deuda estadounidense, con la rentabilidad del bono de referencia holgadamente por encima del 2,5%, sino también a la europea. El bund germano a diez años sitúa su rendimiento por encima del 0,3% cuando hace apenas unos meses se encontraba en negativo, mientras que el bono italiano al mismo plazo supera ya el 2% y en España empieza a coquetear con el 1,5%.
 
La perspectiva de un presidente estadounidense de alto gasto –Trump aprovechó su discurso de la victoria para prometer más gasto en infraestructuras- ha obligado a los inversores a reorientar su atención hacia el aumento de la inflación.
 
El presidente electo de EEUU también apuesta por medidas de política fiscal en lugar de dejar todo a las medidas monetarias que desde el banco central han impulsado Ben Bernanke y su sucesora Janet Yellen.
 
Las críticas de Trump y su equipo contra Yellen habían llegado a tal punto que hace apenas dos meses acusaron a la responsable de la Fed de haber creado “una economía falsa” con su uso de políticas monetarias. Las palabras más duras contra la gobernadora, cuya continuidad en el cargo llegó a ponerse en duda, llegaron tras su repetida decisión de no subir tipos de interés y mantener, por tanto, la respiración asistida a la mayor economía del mundo.
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