Jenni Hermoso
La portada del diario As es un ejemplo de cómo hacer responsable a la víctima, pero no es el último. También está sucediendo en tertulias más o menos deportivas y en otras que no lo son, tanto de televisión cómo de radio, donde tertulianos y presentadores han criticado la vida personal y las publicaciones en redes de la futbolista, flamante campeona del mundo.
Y todo por ir a un restaurante, al que probablemente va todos los años, donde el lema del local —que no de Hermoso— es “No hay verano sin beso”.
El caso, salvando todas las distancias, fundamentalmente por la gravedad, recuerda al de ‘la manada’ de San Fermín, cuando se llegó a poner un detective a la víctima, a la que se juzgó socialmente por hacer vida más o menos normal, e incluso por su manera de vestir. El poder del patriarcado mueve sus hilos mediáticos.
Sin olvidar el silencio del mundo masculino, excepto algunos presidentes de clubs de fútbol y las ligeras críticas de Ancelotti y Benítez. Estamos esperando a esos compañeros futbolistas millonarios y no tanto que salgan a manifestar su opinión sobre el asunto, el silencio sólo hace sospechar que lo de Rubiales no les parece para tanto, como le parece a algunos periodistas deportivos.
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