El WEF -Foro Económico Mundial- realiza su reunión anual en Davos, Suiza, en pocos días. En la línea del más antiguo Club de Roma, a cuyo capítulo nacional venezolano tuve el honor de pertenecer en los ’90, representa el tipo de tanque de pensamiento y foro global tan necesario en el problematizado y preocupante mundo actual.

El globo no vive cualquier momento. De la posibilidad de un orden mundial bajo la orientación del capitalismo, la misma que inspiró a Fukuyama a postular el «fin de la historia», se pasó, por derivas e iniciativas diversas, a otro orden, en el cual destacan el mundo bajo las influencias estadounidense y rusa y la progresiva red de vínculos globales de China, con influencias menores como la Unión Europea y unos pocos bloques de impacto puramente regional, con espacio para nuevos actores globales. Europa, África y la América Latina y el Caribe, por ejemplo, -voluntad política de por medio- son potenciales jugadores conjuntos de un nuevo tablero global.

Pero, no sólo lo anterior. El mundo sufre de un retrógrado proceso de desinstitucionalización, el auge de manejos carismáticos o tradicionales, riesgos diversos por la liviandad de ciertos liderazgos, junto con amenazas serias en la esfera económica; entre otras razones, por la persistencia de intereses, instituciones, prácticas y modos de actuación, los cuales, aunque impugnados por foros como los del WEF, siguen marcando la pauta en la gobernanza -las estructuras- y la gobernabilidad -el ejercicio del poder- en el mundo.

Al respecto, el último año, con énfasis en los campos del desarrollo tecnológico, el mundo digital, las nuevas formas de moneda y finanzas y los nuevos negocios, hemos propuesto modos de gestión de tales procesos y esquemas de relación entre sus agentes relevantes, que pueden ser apoyos válidos en la procura de unas mejores gobernanza y gobernabilidad.

La «Metáfora ÉPELR» y el «Ménage à Quatre» son recursos, -de gestión de procesos: el uno, de participación; y de organización, el otro- los cuales podrían, de ser acogidos, incluso conjuntamente, de gran utilidad en la acción de sistemas complejos como los implicados por casos del tipo de los arriba mencionados y otros.

Superar la falsa dicotomía entre desarrollo y regulación; integrar promoción, desarrollo, legislación y regulación; juntar gobiernos, empresas, centros de conocimiento y sociedad civil en tareas como el impulso al mundo digital, o a los mundos Fintech o criptoeconómico; asumir estructurada e integralmente la prospectiva, la estrategia y el conjunto de proyectos para los procesos de investigación, desarrollo e innovación en tecnologías -y otros urgentes campos- son del tipo de asuntos que reclaman los tiempos que vivimos.

No puede, ni debe haber temor, a asumir tales retos desde cualquier parte del mundo. Es más, desde la perspectiva de lo expuesto en el segundo párrafo, es posible acopiar iniciativas de difícil acometida en el plano nacional de muchos.

Cierto que, también dicho, el mundo, ni transita la mejor senda, ni está exento de riesgos, acechanzas y derivas preocupantes; pero, precisamente para ello admiten y requieren el tipo de manejo que propugnamos.

El año pasado lo practicamos para progresos en la línea de una Deontología de la Criptoeconomía. Es un trabajo que aún admite un muy superior desarrollo. El propio Foro Económico Mundial propugna «la urgente necesidad de determinar las reglas éticas y políticas» que enmarcarán y orientarán el progreso de los nuevos campos y actividades.

La Globalización 4.0 que propugna el Foro y que constituye el leitmotiv de su evento anual debería ser manejado como un imperativo moral; pero, no sólo eso: también como un conducto para que los órganos e instituciones de vocación global asuman una tarea práctica insoslayable. Creemos que dejar el asunto al juego de poder mundial y de modo puramente competitivo es aceptar un orden desequilibrado y riesgoso. Se debe mitigar los riesgos con instituciones y procesos de gestión estructurados y el poder deber ser controlado con apertura y participación. El reto espera por nosotros.

*Santiago J. Guevara G., es economista venezolano, experto en Prospectiva, Estrategia y Gestión. Profesor universitario jubilado. Ejerce la Coordinación Adjunta de la Materia Interescuelas de FACES-UC (Universidad de Carabobo) en «Gerencia y Finanzas de Criptomonedas y Criptoactivos». Es líder promotor del «Grupo de Deontología de la Criptoeconomía», basado en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo e impulsa otras esferas del campo y relacionados.

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WEF

Santiago J. Guevara G. / Universidad de Carabobo

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