Desde el Malecón

Veteranos de mil batallas aún en pie de guerra

Un Cadillac de 1952 sirve de espejo para reflexionar sobre una generación que, pese al paso del tiempo y las adversidades, sigue resistiendo y encontrando motivos para mantenerse en pie.

Vista lateral de un Cadillac rojo convertible de 1952 en Cuba
Cadillac rojo convertible de 1952 en Cuba

Algo le ha pasado a nuestra generación que debe ser objeto de profunda y seria investigación: a duras penas alcanzamos las siete décadas de vida. En cambio, abuelos y padres tal parece que murieron de cansancio o aburrimiento a los ochenta y tantos y más años.

Ya somos pocos, cada vez menos. Si durante una de estas mañanas nos encontramos reluciente, atractivo, digno de envidia para un coche de lujo de un jeque árabe, de esos que coleccionan tantos autos como mujeres, lo menos que podemos hacer es una parada para meditar junto a él todo este tiempo vivido.

“Despertarles el ánima”, como diría ese ejemplo de periodista y escritor que fue el colombiano Gabriel García Márquez cuando lo puso en boca del gitano Melquíades.

Por seguro que muchas coincidencias en cómo sobrevivir ante tantas adversidades de factura nacional y las provenientes de la Casa Blanca que amenaza con un bloqueo total a la isla. Uno lo observa digamos clínicamente de arriba hacia abajo, de costado, desde lo alto y no puede menos que confesarle el asombro acompañado de la interrogante de qué hace para permanecer tan saludable y viril.

Pero va más allá. Tal médico de familia de los antiguos porque los de ahora ya no lo hacen, que te piden de primera y pata que saques la lengua para examinarte, a este se le solicita que levante el capó para verlo por dentro sin una gota de grasa, con las piezas originales que lo vieron nacer hace 74 años.

Ingenioso el ser humano que se  empeña en darle el pecho a la inexorable muerte mecánica y física. Le reclamo a este Cadillac de 1952, nacido en Detroit, EEUU, y yo en el mismo año en San Juan de los Remedios, Cuba, quién le atiende y menciona el apodo de un esmerado mecánico de los pocos que tenemos:

-Súper Lázar el invencible.

La pregunta viene de vuelta. Tengo a bien que responderle que el doctor Edgar Algarín Villalón, el cirujano oncólogo que me ha permitido disfrutar un poco más de la vida con sus penas y glorias.

“Y, sin embargo, se mueven”, nos diría a ambos desde lo alto el gran Galileo Galilei…

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