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Vacunaditos todos y con la billetera en terapia intensiva

Inflación
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Como nunca antes en la historia de la revolución cubana y muy probablemente en aquella que se inició con el desembarco de Cristóbal Colón en 1492, los precios todos suben por día venda quien venda. El Estado hace su esfuerzo, pero se queda en ello. Imposible que sea visible a dos metros de distancia. No se produce lo necesario. Altísima la demanda.

Y algo sumamente grave si tomamos la experiencia del otrora campo socialista: el mercado negro se fortalece.

La intervención de quien dio la cara para explicarnos este contradictorio proceso llamado de reordenamiento, merece una segunda lectura para comprobar si aquello de que los cambios fueron estudiados durante casi diez años, que se consultó hasta con la prestigiosa academia y poco menos con cada cura de parroquia, ha traído buenos resultados y no una astronómica inflación que cualquier aprendiz de economista podrá dar una cifra de asombro o miedo.

Lo más triste es que no se puede negar, ocultar o endulzar que la gente está muy pero que muy preocupada y molesta. Un mal síntoma, con fecha de sanación indefinida.

Para quien esté alejado del tema porque sus preocupaciones son otras, basta apuntar a modo de brújula que la pensión mínima, a pesar de subir tres o cuatro veces, es de 1 528.00 pesos cubanos y que una simple fruta bomba o papaya, factura unos 200 pesos.

Feo y amargo el panorama, aunque seamos de los primeros en el mundo en tener un 90% de la población con las tres dosis vacunales.  Vacunados pero poco alegres en el bolsillo.