La manzana, como fuente de discordias, pero ideal para combatir el exceso de glucosa en pacientes diabéticos a los que hoy les resulta imposible adquirir un glucómetro porque sencillamente no los hay.
No falta una Mipyme ni soberbio carretillero, al menos en la capital, que no las tenga en torno a los 250 pesos cubanos la unidad. La cuenta es rápida e inapelable. Una pensión, 1,500 pesos o lo que es igual, seis manzanas.
La fruta, como mala mensajera. Primero, aquella “prohibida” que se engulleron a escondidas Adán y Eva en el paraíso. Luego, la que se tragó la noble Blancanieves y para rematar, la que ha provocado una muy seria discusión hogareña que debe ser pública o “ejemplarizante”, palabrita muy socorrida en estos tiempos en la isla para quienes multas y juicios consideran la solución ante el desorden casi generalizado.
Les cuento. Una gentil vecina nos baja en una de estas noches de apagón, un dulce casero elaborado con manzanas. Una linterna recargable, dos cucharitas de postre para amortiguar con el paladar la penosa situación de total oscuridad con los mismos cuentos y pesares.
En mala hora porque con ello surgió un problema que tiene matices nacionales. Ya no era el corte de la electricidad, sino el ejercicio soberano de ejercer la opinión. Uno, que estaban con exceso de azúcar; el otro, en su punto de dulzor. Lo suficiente para una discusión sin pies, pero con una clara cabeza: molestan las opiniones contrarias.
La moraleja es tan nítida como agua de manantial. Cuidado con las manzanas y los criterios que se deriven de ella…







