Una legislatura miope

Mikel Legarda

Ya ha transcurrido el primer año de la XII Legislatura y en su balance destacaríamos las notas de incertidumbre, activismo, excepcionalidad del debate político, falta de impulso y control al Gobierno, y desaparición de la actividad propositiva del Ejecutivo.

La legislatura nació y se desenvuelve, por ahora, bajo el designio de la incertidumbre. El Gobierno se apoya en una arquitectura inestable que hace visualizar permanentemente su precariedad y la de la propia legislatura. Y alguno de sus apoyos desarrolla, incluso, una actividad que dificulta la de otros posibles apoyos coyunturales.

Esa misma incertidumbre motiva otra de las características de este primer año: la desaparición de la actividad propositiva del Gobierno, que trae buena parte de su fundamento en su falta de adaptación al nuevo escenario político que le obliga a negociar con la oposición. Pasividad en su producción normativa y de otra naturaleza (Planes, Programas,…) que queda compensada porque durante la X Legislatura, en la que el Partido Popular contaba con mayoría absoluta, la produjo de manera masiva y enderezada hacia su ideario político, sobre todo en sus últimos años cuando preveía que en breve ya no repetiría mayorías absolutas – como así sucedió -. Dicho coloquialmente, el PP tiene, por el momento, despensa para aguantar la relativa soledad que ahora le toca gestionar.

Como reverso de esta situación, se constata día a día que la oposición no tiene capacidad para impulsar y controlar al Gobierno, ni para proponer y llevar a efecto cambios en la legislación vigente aprobada en la pasada legislatura. Ni siquiera cuando esta oposición representa una mayoría parlamentaria. Esta mayoría parlamentaria de oposición (de geometría variable) se manifiesta a través de múltiples iniciativas y con la creación de variadas Subcomisiones que, con carácter general, no llegan a puerto alguno.

Paradójicamente esa actividad parlamentaria es motorizada, ya que solo permite su visualización desde la hiperactividad, al margen de su culminación en normas que atiendan la vida de la sociedad o la actividad de los poderes públicos. Se hace cierto aquello que ya se vaticinó respecto a los medios de comunicación social: el medio es el mensaje.

Y esto es así no solo por los tiempos en que vivimos, sino también porque la misma naturaleza de una oposición fragmentada la conduce, en su caso, a oponerse a las iniciativas gubernamentales pero no le permite con facilidad ser propositiva. La oposición es fácil que se ponga de acuerdo en un rechazo, porque no requiere coincidir en la motivación del mismo, solo hay que coincidir en la conclusión. Sin embargo, para que desde la oposición se coincida en una proposición y además se lleve a buen puerto, se hace preciso coincidir en su motivación, cosa bastante más difícil. Y tampoco podemos olvidar que al ser una oposición plural, además de tener como objetivo oponerse al Gobierno, también compite entre sí, lo cual dificulta aún más su labor propositiva. La situación se complica por la propia regulación parlamentaria que permite bloqueos gubernamentales de las iniciativas de la oposición a través de distintos trámites como el aumento de gasto, o las sucesivas prórrogas a las proposiciones de ley.

De ahí que nos encontremos en un primer año de legislatura con mucha actividad de la oposición y pocos resultados prácticos, más allá de su propia visualización, que tampoco es poca cosa en una sociedad mediatizada y presencial, en la que la forma, muy a menudo, prevalece sobre el fondo, la coyuntura sobre lo estructural y lo efímero sobre lo perenne.

La última característica que, a nuestro juicio, define esta XII Legislatura, es la de la excepcionalidad del debate político habido a raíz de la cuestión territorial que se plantea por la reivindicación de una mayoría relevante social, política y parlamentaria en Catalunya respecto a su derecho a decidir libre, pacífica y democráticamente su futuro en relación con el resto del Estado.

El futuro inmediato parece abocado de manera indefectible a tratar esta última cuestión y confiemos en que no sea solo de manera reactiva a través de una recentralización ideológica del Estado.

Mikel Legarda, portavoz adjunto del PNV en el Congreso.