Una década sin la prometida “M40 de Metro” que aísla al sur de Madrid

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En 2005 parecía que el Metro de Madrid nunca pararía de crecer. La línea más corta de la red estaba llamada a convertirse en la segunda más larga y a poner fin al aislamiento de Metrosur y toda la zona suroeste de la capital. La entonces presidenta regional, Esperanza Aguirre, anunció en 2007 que la línea 11 comenzaría a ganar paradas, desde las tres iniciales hasta las 28 proyectadas.

Diez años después, no es una vía válida para recorrer un cuadrante significativo de la ciudad, si no es realizando constantes transbordos. Su ampliación inicial ni siquiera logró alcanzar Atocha y las actuales siete paradas de la conocida como “M40 del Metro” concluyen en Plaza Elíptica, sin conexión con ninguna otra línea de suburbano que atraviese la red y sólo en contacto con una circular. “Tras la euforia que culminaba 20 años de lucha, nos dimos cuenta de lo muy limitado que resultaba el servicio, ya que solo conecta con una línea que nos hace circular por Madrid sin acercarnos al centro, y con un trasbordo complicado”, manifestaba recientemente la Asociación de Vecinos de Carabanchel Alto.

“Entonces llegó la llamada crisis, y las instituciones cerraron el grifo de las inversiones, con lo que no parecía que pudiéramos tener eco en una reivindicación en aquellos años. Pero ya han pasado 10 años, y es el momento de exigir la ampliación de una línea que llegaría a la estación de Renfe de Atocha, pasaría por Arturo Soria y conectaría con la estación de Chamartín”, recuerdan los vecinos.

Hace apenas dos meses Podemos presentaba una Propuesta no de Ley en la Asamblea regional para que se acometa la ampliación de la línea 11 de Metro. Lo sucesivos Gobiernos del PP han realizado estudios para alargar la vía: de los cálculos resultantes se extrae que, si cumpliese su diseño original, se convertiría en la tercera línea de la capital por número de usuarios.

Podemos destacó en la Asamblea que la «potencialidad en materia de movilidad de la L11 de Metro para los distritos de Carabanchel y Usera está mermada por el hecho de no haber continuado desde la plaza Elíptica hacia el centro de la ciudad», lo que obliga a los viajeros a varios transbordos. Pero la iniciativa fue rechazada por 63 votos en contra y 61 a favor.

El PP reconocía la importancia de la línea pero admitía que no podía “comprometerse” a fijar fecha para ampliarla porque actualmente no se puede desviar “ni un euro de educación, sanidad o servicios sociales para hacer este tipo de infraestructuras”.

El pasado 6 de mayo se producía la última protesta vecinal por el alargamiento de una vía de transporte público que acabe con la marginación del sur de Madrid: los afectados exigen “que en los presupuestos de 2018 se incluya una partida para las obras de ampliación hasta Atocha Renfe, ya que el proyecto prácticamente está realizado”.

“El PP, que gobierna en la Comunidad, votó en contra a una propuesta de ampliación presentada por el grupo de Podemos en la Asamblea de Madrid. Pero el mismo partido se abstuvo en la Junta Municipal de Carabanchel ante otra propuesta del grupo de Ahora Madrid en el mismo sentido, que finalmente fue aprobada. Ciudadanos, en cambio, votó en contra en ambos casos”, lamentan los vecinos.

Infrautilización por inutilidad

La actual configuración de la línea 11 ha costado al PP de Madrid un tirón de orejas de Bruselas: un informe de 2014 del Tribunal de Cuentas Europeo denuncia que solo fue usada por el 18% de los usuarios calculados por la Comunidad de Madrid a la hora de solicitar los fondos para construirla.

“El análisis de las necesidades de movilidad previo al proyecto no incluyó una comparación cuantitativa de las diferentes opciones de transporte”, criticaban los auditores.