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Terrorismo de arma blanca

Prácticamente ha desaparecido del mapa del conflicto sirio el Estado Islámico (ISIS), de tan triste memoria y han disminuido los atentados masivos con decenas o centenares de muertos. Pero no hay que hacerse ilusiones: el terrorismo yihadista sigue vivo, inventándose nuevas formas de sembrar el pánico, y reorganizándose en la diáspora en que ha entrado. Basta hacer un repaso de su triste historia para percatarse de que cambia sus tácticas, no sus objetivos.

El odio, el rencor, el fanatismo y el desprecio por la vida – incluida la propia – sigue latente, lo mismo que continúa el adoctrinamiento en determinados círculos religiosos y mezquitas gobernadas por imanes iluminados por la ceguera de su fe. Y continúan sueltos muchos yihadistas mentalizados y entrenados para matar. La diferencia es que ahora están dispersos, que tienen más dificultades para organizarse y para responder a un mando fijo.

Cuando las fuerzas de orden público acorralaron muchas de sus células y empezaron a controlar mejor su capacidad para crear grandes explosivos, ellos enseguida pasaron a otras formas de atentar y sembrar miedo. En los últimos dos o tres años obtuvieron buenos resultados con los camiones lanzados contra masas humanas. Ocurrió en Niza y Barcelona, por ejemplo. Naturalmente las ciudades tomaron precauciones y cometer barbaridades de esa naturaleza se ha vuelto más difícil.

¿Qué harán ahora, qué se inventarán?, se pregunta la gente de la calle. Pues expertos hay que nos irán alertando. De momento lo que estamos asistiendo es a la amenaza terrorista de terrorista individual, de arma corta. Terroristas que salen a la calle con un cuchillo o navaja, se entremezclan con sus víctimas potenciales, y apuñalan a unas cuantas personas. No son atentados que despierten grandes sustos ni grandes titulares en los medios. Pero están ahí: atemorizando.

Ya se han dado casos en numerosos lugares. Londres quizás sea hasta ahora la capital donde el terrorismo de arma corta o de cercanías ha dado más muestras de que sigue amenazando, que hay muchos yihadistas listos para cometer atentados y que es muy difícil impedirlo. Se trata de personas de aspecto normal, muchas veces sin antecedentes, que esperan su momento. No necesitan ni dinero, ni armas, ni dominio de tecnologías ni de organización complicada.

Hacerse con un cuchillo está al alcance de cualquiera. Apuñalar por sorpresa a unos peatones es fácil si se tiene inoculada la maldad que hace falta para cometer un hecho así. En cambio, detectar a los terroristas individuales que sufren ataques de fanatismo místico, es más difícil. Las policías tienen bajo control a muchos antiguos combatientes del Daesh que han regresado a sus lugares de procedencia, pero no a todos ni a los nuevos que se continúan incorporando a sus redes.

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Terrorismo de arma blanca

Diego Carcedo

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