Roger Torrent, nuevo presidente del Parlament
Los independentistas catalanes continúan erre que erre buceando en todas las trapisondas legales que encuentren en su empeño por desafiar al Estado de derecho. Entre tantos tejemanejes como vienen manejando para constituir a su medida la Mesa del Parlament y la elección del nuevo President, sin respeto a los informes de los expertos, no se ha vislumbrado ni un solo destello que ilumine la posibilidad de una negociación. Todo lo contrario: la oportunidad de nombrar un Govern dispuesto a normalizar la situación, la están despreciando.
Todavía hay muchas cosas en el aire y la verdad es que el odio cerval entre las diferentes organizaciones y líderes secesionistas deja en el aire la incertidumbre sobre un futuro que la sociedad catalana necesita tranquilo, abierto al diálogo y capaz de devolver la confianza en las instituciones. Las piruetas mentales de Puigdemont en Bélgica intentando demostrar que la Ley debe ser distinta para él ni realmente sirven para nada y ofrecen una imagen penosa. Lo sorprendente es que haya quien se someta a la obstinación de darle la razón.
Su pretensión de ser reelegido President en ausencia, y evadido de la Justicia, es surrealista y la intención de querer gobernar a golpe de WhtsApp desde su escondite en Bruselas consolida la impresión de que todo el procés ha sido una farsa; una farsa que fracasó pero que algunos quieren repetir sin preocuparse ni del ridículo ni del trastorno que semejante actitud causa entre la gente. Tal parece que la idea que pretenden no es otra que hacer reír fuera y llorar dentro.
Mientras tanto, la autonomía catalana sigue sin atender de forma adecuada problemas y proyectos urgentes. Los responsables de la aplicación del 155 están haciendo un buen trabajo para mantener la Administración Autonómica y lo están haciendo con cautela y prudencia. Sin entrar en profundidades pero dejando el camino expedito para que los nuevos gobernantes salidos de las urnas puedan darle su orientación propia. Pero esto a los fundamentalistas del independentismo no les parece importar.
Estas últimas semanas fueron muchas las voces autorizadas que reconocieron que la independencia era imposible y más tal y como fue planteada, avasallando todas las reglas democráticas de la Constitución para abajo. Sin embargo, la impresión de estas últimas horas es que el propósito que impera es volver a las andadas. Las llamadas al diálogo y a la negociación no tienen eco ni se atisban indicios de buena disposición. También parece que se olvida que el artículo 155 sigue vigente.
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Sin voluntad de arreglo
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