Tienda en La Habana
El 30 de diciembre del pasado año abrió sus múltiples puertas en la barriada capitalina de Miramar, el centro comercial de 3ra y 70 en los bajos también del nuevo hotel cinco estrellas Gran Muthu Habana.
Y nada de sólo curiosos motivados por el ya controvertido primer establecimiento en toda la isla en aceptar dólares al cash para adquirir hasta lo más inimaginable y costoso como ese ron de casi 800 dólares la botella que, como cruz al diablo, espanta a quien se le ponga por delante. A saber, si pertenecía al pirata Francis Drake.
Doce cajas contadoras que no daban abasto a clientes tan diferentes como extranjeros residentes, gentes bien vestidas y otros que, si uno se encuentra con ellos en la calle, merecen una limosna por su deprimente vestuario al ignorar aquello de que las apariencias engañan,
El tema precios, según se mire a la billetera. Compararlos con otros sitios de este mundo no es aconsejable, aunque muchos lo hacen. Unos los consideran aceptables; otros, ponen el grito en el cielo acompañado de una mala palabra.
Bajo la gerencia de las tiendas Caribe, de la corporación Cimex, pertenecientes el Grupo de Administración Empresarial SA (GAESA) y la española Vima como “invitada” a ocupar espacio y neveras, el propósito ha sido que no se quede ningún estante vacío.
Y lo han logrado modestamente. No así en el otro centro de la acera de enfrente, sombrío, con estantes en plan fantasma, sin aire acondicionado, empleados pegados al celular y débil iluminación. De la noche a la mañana el contraste. Sólo cruzar la calle que ya requiere de un paso peatonal.
Desde comida, licores, cervezas, electrodomésticos, aseo, perfumería, calzado deportivo más artículos de lujo de afamadas marcas se pueden encontrar. La diversidad de ofertas es inferior a cualquier otro modesto centro comercial del llamado tercer mundo.
Un primer problema, de soberano disgusto popular, que sus responsables e invisibles mandos de GAESA deben ofrecer sabia decisión, es no negar el uso de la tarjeta con Moneda Libremente Convertible (MLC) en el pago del supermercado. No por economía, sino por política. La reprimenda ha ido directamente a los porteros y cajeros del centro además de las redes sociales. Me confiesa uno de ellos:
-Ha sido tremenda la avalancha de quejas. Algunas muy acaloradas. Les he dicho que yo no tengo nada que ver con eso, que se quejen en la gerencia. Lo mío es dar la bienvenida en la puerta.
En cambio, la ya conocida tarjeta Clásica, que también se nutre de dólares o euros, es válida para la compra. Desde hace meses se emplea para adquirir combustible.
El falso rumor callejero de que el vuelto no era en dólares, quedó desmentido en el lugar. Sí lo devuelven, pero a falta de moneda fraccionada, esos centavos de dólar lo entregan en golosinas o caramelos.
Un drama shakesperiano en versión caribeña donde la “cuestión” estriba en tener o no tener. Y me temo, sin ánimos de competente demógrafo, que son mayoría los que no tienen ni un dólar o un euro ocultos en un cofrecito chino.
Y algo de mayor peso de cara al presente o futuro inmediato: euros y dólares tomarán las riendas en lo que ocurra el ansiado milagro de la resurrección del peso cubano. Mientras tanto, a esperar otros establecimientos que ya están en marcha probablemente con las mismas reglas del juego.
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