Puigdemont, ¿el escollo para investir a un nuevo presidente en Cataluña?

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña

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Más de seis meses después de la marcha forzada de Quim Torra y tras unas elecciones que revalidaron el liderazgo independentista, Cataluña seguirá sin tener presidente, hasta que lo decida Carles Puigdemont.

La votación para investir al dirigente de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) Pere Aragonès fracasará esta semana, activando una cuenta atrás de dos meses para que el Parlamento vuelva a proponer a un presidenciable.

«La lista de agravios en la pareja es ya tan larga como la que se esgrime en el conflicto con el Estado. Y no hay terapia viable cuando se es socio de gobierno y principal adversario electoral a batir»
La Vanguardia – Isabel Garcia Pagan

La falta de entendimiento entre ERC y el partido creado por Puigdemont, Junts per Catalunya, deja a la región en otra situación de bloqueo y amenaza con despertar al fantasma de la repetición electoral.

Capitaneados desde Bélgica por el expresidente huido, desde Junts se muestran insatisfechos con las promesas de Aragonès y piden días, incluso semanas, para afianzar un pacto de coalición independentista que les complazca.

Persisten las diferencias entre los dos partidos que conformaron el Ejecutivo catalán en la anterior legislatura, a los que cada vez más les cuesta encontrar puntos en común además de las aspiraciones de separarse de España.

«La lista de agravios en la pareja es ya tan larga como la que se esgrime en el conflicto con el Estado. Y no hay terapia viable cuando se es socio de gobierno y principal adversario electoral a batir», afirmaba este lunes en su columna de opinión del diario La Vanguardia la periodista Isabel Garcia Pagan.

El enésimo encontronazo entre Junts y ERC llega pocas semanas después de unas elecciones que volvieron a otorgar mayoría parlamentaria a la suma de los partidos separatistas y el 52 por ciento de votos.

La alegría por los buenos resultados quedó rápidamente opacada por la cruda realidad: sentarse a definir una nueva legislatura conjunta mientras siguen abiertas las heridas que provocó el fracaso de la última.

«Quiero que sepas que me siento menospreciado por vosotros. No reconocéis mi liderazgo, cuando nosotros os reconocemos el vuestro. Es inexplicable lo que estáis haciendo», le reprochó Puigdemont a Aragonès

REPROCHES Y DESCONFIANZA

Si algo demuestran los eventos de los últimos días es que los independentistas catalanes siguen sin recuperarse del referéndum de 2017 y la posterior declaración unilateral de independencia liderada por el antiguo Gobierno de Puigdemont.

El líder del separatismo catalán se marchó a Bélgica, donde sigue pendiente de una posible extradición a España, mientras su número 2 y presidente de ERC, Oriol Junqueras, está encarcelado por los hechos que le hicieron huir del país.

Oriol Junqueras y Carles Puigdemont
Oriol Junqueras y Carles Puigdemont

Para Junts, Puigdemont sigue siendo el «presidente legítimo» y no perdonan que ERC rechazara investirle de forma telemática en 2018 por advertencia del Tribunal Constitucional de España.

«Quiero que sepas que me siento menospreciado por vosotros. No reconocéis mi liderazgo, cuando nosotros os reconocemos el vuestro. Es inexplicable lo que estáis haciendo», le reprochó Puigdemont a Aragonès entonces, tal como recoge su libro de memorias.

La fallida investidura del líder fugado fue una de las primeras muestras del viraje entre los partidos separatistas: mientras Junts seguía apostando por la desobediencia al Estado español, ERC adoptó una postura más pragmática.

Este hecho marcó la posterior legislatura y tuvo un «bis» con la decisión del Parlamento catalán -presidido por ERC- de quitarle el escaño al presidente Quim Torra por indicación de las autoridades electorales españolas.

Los de Puigdemont no perdonan y dejan claro que desconfían de sus socios: «No se pueden resolver los problemas de los últimos tres años en tres días», decía el diputado de Junts Albert Batet para justificar la negativa a investir a Aragonès.

«El de Waterloo quiere hacer valer ‘el botón rojo’ del que dispone en la pugna por la primogenitura del procés para mostrar su fuerza a los republicanos. Es su forma de reivindicar un liderazgo perdido en las urnas pero que presume de su pureza nacional»
El País

PUIGDEMONT QUIERE PODER

Uno de los principales escollos en las negociaciones de las últimas semanas es precisamente el papel del expresidente catalán en en el futuro Gobierno de Cataluña, que aspira a liderar el proceso soberanista desde su Consejo de la República con sede en Waterloo.

Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña
Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat de Cataluña

Este órgano creado desde su autodenominado «exilio» aspira a convertirse en la verdadera dirección estratégica del independentismo, dejando a Pere Aragonès como mero gestor desde la presidencia.

«El de Waterloo quiere hacer valer ‘el botón rojo’ del que dispone en la pugna por la primogenitura del procés para mostrar su fuerza a los republicanos. Es su forma de reivindicar un liderazgo perdido en las urnas pero que presume de su pureza nacional», apunta un artículo del diario El País citando fuentes de ambos partidos.

Todo dependerá de las concesiones que ERC esté dispuesta a hacer, aunque la balanza se inclina para los de Puigdemont, ya que sus 32 diputados en el Parlamento catalán son imprescindibles para investir a Aragonès.

De momento, los republicanos ya dieron la presidencia de la Cámara catalana a Laura Borràs de Junts, eterna fiel a Puigdemont y una de las políticas del ala más radical del independentismo catalán.

«¿Aceptará una presidencia intervenida por el Consejo de la República y tutelada desde Waterloo?», cuestionaba en esta jornada la vicepresidenta del Parlamento catalán y diputada socialista, Eva Granados.

ESTRATEGIAS INCOMPATIBLES

Otro de los aspectos que dificulta los acuerdos entre ERC y Junts es la disposición de los de Aragonès a seguir adelante con la mesa de diálogo pactada con el Gobierno de España y que tuvo su primera reunión en febrero de 2020.

Aunque la mesa no dio frutos -quedó interrumpida por el covid y el fin de la legislatura catalana- los republicanos apuestan por la vía de la negociación con Pedro Sánchez antes de recurrir a una estrategia de confrontación.

Por el momento, ambas formaciones descartan unas nuevas elecciones y se muestran optimistas sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo antes de la disolución automática del Parlamento catalán

Junts ve en esto una debilidad y por ello quiere conocer el margen de negociación al que están dispuestos a llegar sus socios. ¿Qué pasará cuando se agote el diálogo? ¿Están dispuestos a adoptar una estrategia unilateral si Sánchez no cede?

La diputada de JxCat en el Parlament Elsa Artadi
La diputada de Junts en el Parlament Elsa Artadi

Este es uno de los aspectos cruciales que Puigdemont quiere dejar por escrito en un acuerdo de coalición: «El trabajo que estamos haciendo es para que haya un acuerdo mucho más concreto que después no nos traiga problemas», defendió su portavoz, Artadi.

Aragonès insistió en su discurso durante la primera sesión de la investidura que uno de sus objetivos principales como presidentes es forzar al Gobierno español a autorizar un referéndum de independencia.

Por el momento, ambas formaciones descartan unas nuevas elecciones y se muestran optimistas sobre la posibilidad de llegar a un acuerdo antes de la disolución automática del Parlamento catalán, que se daría dos meses después del fracaso de la investidura, el 26 de mayo.

Junts dejó claro en las últimas semanas que su intención final es investir a Aragonès e iniciar una nueva legislatura con ERC, en lo que podría ser la última oportunidad para los partidos independentistas de formar un Gobierno estable en Cataluña.

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