Derechos humanos

¿Puede el derecho internacional poner coto a los crímenes contra la humanidad y los genocidios?

Philippe Sands, experto en derecho internacional, ha publicado varias obras que son referencia mundial sobre la materia.

Philippe Sands, abogado y autor, en un entorno al aire libre.
Philippe Sands es un destacado abogado en el ámbito del derecho internacional (Foto: Philippe Sands)

A Philippe Sands, el conocido abogado londinense experto en derechos humanos, no le asustan las tensiones internacionales. Ha declarado hace unos días a un medio español que “Trump es solo un momento”.  En su opinión, “en 1939 el mundo vivía una incertidumbre comparable a la actual y apenas seis años después asistimos a una revolución profunda que mejoró la vida de millones de personas”. Cierto. La gran guerra supuso entre 70 y 85 millones de víctimas, de ellas casi 50 millones de civiles. Un precio demasiado alto a cambio de un paso adelante en el derecho internacional que ha permitido instituir tribunales para juzgar los crímenes contra la humanidad y los genocidios. ¿Habrá que pasar de nuevo por una prueba así de dura para que el Tribunal de La Haya pueda juzgar a Putin por la agresión a Ucrania o a Netanyahu por la aniquilación de Gaza?

En el debate permanente sobre el peso del derecho internacional y la defensa de los derechos humanos, Sands es una figura sobresaliente. Este abogado, nieto de un exiliado judío de la actual Ucrania que huyó de los nazis a principios del siglo pasado, ha participado en numerosas causas que han sido vitales para la consolidación de los tribunales internacionales.

Vista exterior de la Corte Internacional de Justicia en La Haya
La Corte Internacional de Justicia es el principal órgano judicial de las Naciones Unidas

La figura de Sands y el origen del derecho internacional moderno

Su peripecia y la de su familia están brillantemente descritas en Calle Este-Oeste, publicado en inglés en 2016 y ya traducido a 30 idiomas, entre ellos al español (Ed. Anagrama). Ahí va descubriendo paso a paso sus orígenes familiares que enlazan directamente con la trayectoria de los dos juristas que dieron origen a dos términos tan usuales estos días: crímenes de la humanidad propuesto por Hersch Lauterpacht y genocidio defendido por Raphael Lemkin. Dos conceptos esquivos y complejos jurídicamente, aunque ahora sean moneda corriente en los medios de comunicación.

Sands vincula su historia familiar con el origen de conceptos clave como genocidio y crímenes contra la humanidad

Una historia familiar marcada por el exilio y el Holocausto

El relato de Sands, nacido en 1960 en Londres, está a medias entre una novela autobiográfica y un tratado sobre la jurisprudencia internacional. Su abuelo materno, Leon Buchholz, natural de Lviv (Ucrania), es un caso típico de la persecución nazi a los judíos. Emigró primero a Viena, donde nació la madre de Sands, y después huyó a París, donde finalmente sobrevivió a la guerra, pero perdió su negocio austríaco y a casi toda su familia directa en las cámaras de gas de Treblinka y Mauthausen. Nunca le habló de ello a su nieto, como otros muchos traumatizados por las guerras.

Vista de edificios históricos en Lviv, Ucrania, con una fuente en primer plano.
Lviv

Lviv es un caso curioso de los conflictos desatados en el siglo XX. Cambió de estado —y de nombre: Lemberg, Lwów, Lvov o Leópolis en español— ocho veces entre 1914 y 1945, del Imperio Austrohúngaro pasó a ser parte de Polonia, de Rusia, de Alemania y finalmente ahora está dentro de las fronteras de Ucrania, pero eso puede cambiar en función de la actual agresión de Rusia al país.

La ciudad de Lviv emerge como un punto clave en la formación de juristas fundamentales del siglo XX

Lviv: epicentro histórico de juristas y conflictos

Justamente en la Facultad de Derecho de Lviv, estudiaron tanto Lauterpacht como Lemkin, aunque no coincidieron en los mismos cursos. Luego desarrollaron brillantes carreras profesionales en el Reino Unido y Estados Unidos. Lviv, una ciudad de 750.000 habitantes, capital de la región de Galitzia, es el nudo de esta historia. El viaje de Sands a sus orígenes se mezcla, pues, con el desarrollo de los conceptos de genocidio y crímenes contra la humanidad que se usarían por primera vez en el juicio de Nuremberg a los dirigentes nazis, cuyo proceso desmenuza con agudeza el autor desde el punto de vista de las acusaciones.

El verano pasado Sands vino a presentar en Bélgica otro libro suyo, Calle Londres 38 (también en Anagrama), sobre la causa abierta por Baltasar Garzón en la Audiencia Nacional de España contra el dictador chileno Augusto Pinochet y la impunidad de un antiguo nazi en la Patagonia. Era un sábado de agosto por la mañana. En Bélgica las conferencias son de pago, así que supuse que seríamos cuatro oyentes. Error: había casi 300 asistentes que siguieron de manera emotiva la narración de ese proceso que implicaba a España, Chile y el Reino Unido. Y del que Pinochet logró evadirse.

De Nuremberg hasta La Haya

Sands, que además es profesor en Londres, impresiona tanto por su sentido del humor como por sus conocimientos, pero sobre todo por su defensa cerrada de los tribunales internacionales. Desde Nuremberg hasta ahora se ha progresado, pero todavía hay escollos cruciales sin resolver. La Corte Penal Internacional de La Haya es un avance significativo, pero insuficiente. Y más cuando sufre el acoso de Trump y de otros dirigentes que buscan limitar cuando no anular directamente sus actuaciones.

Vista general del juicio de Nuremberg con jueces y acusados presentes.
El juicio de Nuremberg fue un hito en la justicia internacional

La evolución de la justicia internacional arranca en Nuremberg y continúa hasta instituciones actuales como La Haya

Desde el punto de vista histórico, este período iniciado en 1945 es la excepción, no la regla. Las democracias y los juicios internacionales para perseguir crímenes de guerra o limpiezas étnicas son una rareza en nuestro devenir, aunque se haya avanzado mucho en estos 80 años. Se entiende el razonamiento de Sands: una sacudida radical potencialmente destructiva que ponga en riesgo nuestras democracias será un estímulo para consolidar, ampliar y perpetuar las persecuciones de esos crímenes con una perspectiva internacional.

La ola reaccionaria que no deja de aumentar con el apoyo decidido de las redes sociales americanas (y chinas) podría derivar en cualquier momento en un movimiento totalitario o directamente fascista. También comunista como en China. La cuestión es si esta tensión que nos abruma cada día no acabará en un estallido brutal como los padecidos en el siglo XX. Avanzaremos entonces, probablemente como supone Sands, pero después de un gran baño de sangre de inocentes. La cuestión, dramática, es si estamos condenados a repetir la historia antes de que la justicia internacional frene a los déspotas que nos amenazan.

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