Los tertulianos de Prisa, perplejos ante la falta de ‘tirón’ de Susana Díaz

Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía
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Menos mal que, por lo menos, hubo un líder histórico del PSOE que no se hizo la foto con Susana Díaz, y en estos momentos difíciles puede salir a la palestra con una cierta pátina de neutralidad y equidistancia. Aunque, a estas alturas, pensar que el ex presidente de la Junta de Extremadura, Juan Calos Rodríguez Ibarra, se ha desligado del aparato en la medida que sí lo ha hecho, por ejemplo, el ahora desparecido en combate Josep Borrell, es prácticamente una quimera. Y algo debe haber crujido en las articulaciones del equipo susanista tras el ‘fiasco’ de los avales, cuando Ibarra ha tenido que escribir una columna de urgencia en ‘El País’, que ha estado un buen montón de horas perfectamente visible en la portada. La tesis del gurú extremeño, a la que se han sumado otro analistas atemorizados tras los últimos acontecimientos, es simple. Terminar con las primarias, hacer un congreso como dios manda y encontrar un candidato a secretario general de consenso que no sea, por supuesto, ni la dirigente andaluza, ni Patxi López -que hubiera tenido opciones si no se hubiera apresurado a correr la banda para disuadir a la ‘resistencia’- ni, por encima de todo, el amenazante Pedro Sánchez, ese ‘outsider’ que si pierde, lo mismo es capaz de escindirse, montar un movimiento a lo Emmanuel Macron, y robarle los pocos votos que le quedan al viejo partido del puño y la rosa.

El problema es que Díaz, a pesar de todo el apoyo orgánico, el presunto ‘juego sucio’ de la gestora, y las ‘cuatro generaciones’ de dirigentes socialistas que han avalado su candidatura, no ha arrasado en avales a Sánchez. Ni mucho menos. Su victoria es tan pírrica que sólo se mantiene en pie gracias a las firmas cosechadas en Andalucia. Claro que los avales no son los votos, como bien ha señalado algún representante de la candidatura de López. Pero, precisamente ese es el verdadero peligro para la ‘lideresa’. Que tan bien cuenta con otro hándicap no menor. Ella que se presenta como ‘especialista’ en ganar elecciones empieza a ‘oler’ a caballo perdedor. De momento, como explicaba hoy en la SER, Pablo Simón, todas las encuestas disponibles, y son unas cuantas, señalan que el candidato favorito de los votantes socialistas es Pedro Sánchez. Claro que, como también hemos podido visualizar hoy gracias al capote que le ha echado Javier Maroto si ahora mismo puede presumir de algo es de ser la socialista más amada por los simpatizantes y los militantes del PP

Aunque no sabemos si este ‘cariño’ que le profesa el enemigo le va a servir de algo en la batalla en la que ahora esta metida. Lo que, por lo visto, sí que no cuela es la baza feminista. Aquello de que ella quiere romper el techo de cristal y ser la primera presidenta de España. A lo mejor es que casa mal con su bata de cola y ese traje de feria que, como sucede con todos los símbolos nacionalistas, no gusta demasiado fuera de su región de origen. Vaya, que bonito es y a nadie le amarga un manzanilla. Pero en esos tinglaos hay demasiadas conexiones con la vieja España de charanga y pandereta que hacen viajar al PSOE hacia los territorios de la mantilla y la bandera a media asta de María Dolores de Cospedal. Un problema no menor, porque hasta ‘progres’ con pedigrí como Antonio Muñoz Molina ha recordado recientemente, también en ‘El País’ que si algo no ha comprendido nunca del socialismo andaluz es, precisamente eso, su claudicación ante las tradiciones menos presentables del profundo sur.

Hasta el siempre atinado y agudo columnista Manuel Jabois, le recordaba hoy en el programa de máxima audiencia de la emisora de Prisa a la gran jefa andaluza que antes de soñar con convertirse en aspirante a inquilina en La Moncloa, primero tiene que ganar las primarias de su partido. Y las primarias, ya se sabe, las carga el diablo. Sorprende, y con agrado, que la unanimidad habitual se haya roto en el reino de Juan Luis Cebrian, caracterizado desde tiempos atrás por su férrea defensa de la gestora de Javier Fernández y por el sesgo claramente anti-podemos de sus principales espadas. Pero hasta esos códigos del ADN ‘prisero’ parecen estar mutando por momentos. A lo mejor es por curarse en salud o cubrirse las espaldas. O porque hay cosas que, sencillamente, no pueden defenderse ni con el mejor argumentario.

Aunque estamos en el principio del partido y no en el final, desgraciadamente para Díaz y sus aliados. Esta mañana muchos opinadores atónitos negaban la mayor. Susana no es el ‘aparato’. Ni nadie ha dado su firma a la lideresa por presiones. Y, además, lo más probable es que la votación final se parezca a mucho al resultado de este recuento de avales. Y a lo mejor hubieran conseguido convencer a alguien si hubieran insistido durante mucho tiempo con su ‘erre que erre’. Ya saben como se hace. Es el mismo tratamiento infame que en su día le aplicaron a Julio Anguita, cuando se atrevió a decir en voz alta que aquel partido liderado por Felipe González al que la corrupción le supuraba por demasiadas heridas no podía representar, de ninguna manera, los ideales de la izquierda. A Anguita le echaron encima ‘la pinza’ para sugerir una alianza contra natura con José María Aznar. Ahora a Pablo Iglesias le echan encima a Anguita y a Pedro Sánchez le han intentado cargar sobre las espaldas a Pablo Iglesias.

Pero la maquinita, el viejo cañón Berta, del gran Jesús de Polanco, ya no atina con sus disparos. Sucede que a las nuevas generaciones no les interesa gran cosa la retórica prisera. Y su viejo predominio cultural aparece fragmentado. Y ya no pueden sacarle las castañas del fuego al PSOE, a ‘su’ PSOE como sí conseguían hacer siempre en otros momentos. Y, a estas alturas, ya no se sabe si es bueno o malo para la aspirante a princesa del pueblo, con el permiso de Belén Esteban, la genuina dueña de ese título, que la empresa editora de ‘El País’, se haya erigido en su defensora incondicional. Aunque no consiga tampoco, de momento y por primera vez, imponer la unanimidad en su atónito ejército de opinadores.

Y por ahí saca la patita Ibarra, como decíamos al principio. Lo que demuestra mejor que ninguna otra posible pista que nadie las tiene todas consigo y que a algunos desde ayer no les llega la camisa al cuerpo. Los movimientos rápidos en twitter de los defensores de Susana Díaz para acusar de ‘pucherazo’ a Pedro Sánchez también lo demuestran. Al final, ¿si esto de los avales no era más que un trámite, por qué enfadarse tanto? Es obvio, que las contradicciones afloran y la incoherencia empieza a hacer mucho daño a ese parte del PSOE que se ha creído que es verdad eso de qué los ochenta vuelven a estar de moda. Y lo están, pero sólo entre la vieja generación de los ‘babby boomers’, porque en esos conciertos donde impera la nostalgia y los recordatorios de la Movida Madrileña, no se atisba a casi nadie nacido después del año 1976.

Esa puede ser una lección a aprender. El pasado pasado está. Y todo parece indicar que el futuro no pertenece a la vieja generación de líderes socialistas que se ha acostumbrado a salir al rescate del PP y Mariano Rajoy, cada vez que les da la sensación que el sistema está en peligro de colapso. El historial acumulado en los últimos años, en especial por el tándem formado por José Luis Rodríguez-Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba es muy revelador. Fueron capaces de hacer lo que tenían que hacer «les costase lo que les costase». Y deshacer el embrollo montado en las cajas de ahorro de Madrid y Valencia por los zares corruptos del PP en esas dos comunidades autonómas les costó una millonada. Que eso sí, pagamos todos los demás. Y no tuvieron problema tampoco en pactar con el enemigo una ‘reforma’ de la Constitución que situa el pago de las deudas contraidas, por encima de la propia supervivencia de la población.

Y ese pasado, demasiado reciente, desacredita a Susana Díaz y a todo lo que representa. Y se ha convertido en el nutriente de las posibilidades de Pedro Sánchez. Porque en algo sí lleva razón el experto Rodriguez Ibarra, cualquiera que ahora mismo analice la realidad y no se haga trampas en el solitario lo sabe. El PSOE corre un serio riesgo de saltar por los aires y sólo un cese pactado de las hostilidades puede evitarlo. Lástima que a estas alturas de la batalla, la consigna en los cuarteles generales de los bandos enfrentados sea que no hay que hacer prisioneros.