La portavoz del Gobierno y ministra de Educación, Pilar Alegría, en la rueda de prensa tras el Consejo de Ministros. (Foto: Pool Moncloa/José Manuel Álvarez)
Las agresiones verbales surgieron después de que la ministra aclarara su estancia en el Parador de Teruel en septiembre de 2020, coincidiendo con una fiesta polémica relacionada con el caso Ábalos.
En una publicación en su cuenta de Instagram, Alegría detalló los insultos machistas sufridos, entre los que se incluyen términos como «puta», «zorra» o «comepollas», así como mensajes denigrantes que aludían a su posición en el Gobierno de manera ofensiva y sexualizada.
«Llevo años en política, siempre trabajando con dedicación, seriedad y honestidad», afirmó, añadiendo que entiende las discrepancias ideológicas, pero no tolerará los ataques personales ni el odio sistemático hacia las mujeres
La ministra denunció que muchas mujeres siguen sufriendo este tipo de violencia diariamente y lanzó un mensaje de resistencia: «Si creen que así nos van a intimidar o nos van a callar, se equivocan. Ya basta: cabeza alta y ni un paso atrás».
Los ataques contra Pilar Alegría surgieron tras su intervención del pasado viernes en la sede del PSOE Aragón, donde fue interrogada por los medios de comunicación sobre su estancia en el Parador de Teruel en septiembre de 2020. Según informaciones periodísticas, durante esas fechas se habría celebrado una fiesta con prostitutas, en la que habría participado personal vinculado al Ministerio de Transportes, entonces dirigido por José Luis Ábalos.
Alegría explicó que sí pernoctó en el Parador, pero negó cualquier vinculación con los hechos investigados, asegurando que desconocía lo sucedido. «Quien quiera buscar en mí lo que no es, está perdiendo el tiempo», concluyó en su declaración pública.
El caso de Pilar Alegría evidencia una vez más la violencia de género digital que enfrentan las mujeres en espacios públicos y redes sociales. Según numerosos estudios, el discurso de odio en plataformas digitales sigue siendo una barrera para la participación política y social femenina.
Alegría, al compartir su experiencia, ha querido poner de relieve que esta situación es inaceptable y no debe normalizarse. Su mensaje final apela a la resistencia y a la denuncia colectiva como vía para combatir el machismo que persiste en el entorno digital.
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