Bien es cierto que últimamente la Casa Real estorbaba más que ayudaba, pero de todas formas las últimas tres décadas son bastante de agradecer. Mi jefe no es ningún monárquico. Por creencias personales, evidentemente. Y esto de las sucesiones porque sí, porque tú lo vales y porque llevas mi apellido no lo termina de ver bien. Sin embargo, a la hora de hablar de la abdicación del Rey don Juan Carlos quiere matizar varias cosas.
La primera y principal es que la utilidad política y social que ha tenido la corona durante los últimos 30 años es indiscutible. Bien es cierto que últimamente la Casa Real estorbaba más que ayudaba, pero de todas formas las últimas tres décadas son bastante de agradecer, sobre todo viniendo de donde veníamos.
En cuanto al heredero, el príncipe Felipe, hay que destacar –según mi jefe- que cuenta con un gran perfil. Es discreto, a diferencia de su padre. Su formación académica e intelectual parece notable y, para tranquilidad de los españoles, dicen que es el menos Borbón de los Borbones. En cualquier cosa, enfrente tiene un reto: convencer a la ciudadanía de que él sí merece lo heredado. Una ciudadanía, por cierto, que no está en su contra sino en contra de lo que él representa. He ahí una de las claves.







