Muchos ciudadanos prefieren una nación independiente que una Europa gobernada por la Troika. Cada vez más, de hecho. Y ahí reside la clave del auge ultraderechista. Los ultraderechistas, que en España no se han comido un mísero colín, han obtenido buenos resultados en Europa. Entre Le Pen, el UKIP, la Liga Norte y el resto de formaciones más a la derecha de la propia derecha –Beppe Grillo no se sabe muy bien a qué juega- el frente ultranacionalista aglutina alrededor de 70 escaños de un total de 751.
Mi jefe opina que estos partidos, en muchos casos, se diferencian bastante entre sí. De hecho, el UKIP ya ha dicho que no quiere saber nada del Frente Nacional francés, mientras que la formación de Marine Le Pen también ha aclarado, a su vez, que no quiere saber nada de los neonazis de Amanecer Dorado o Jobbik.
Lo que está claro es que hay un retorno a las viejas ideas nacionales y un retroceso en lo que algunos llaman “espíritu europeo”. Europa, la Europa de la Troika, está cada vez más deteriorada. No ya su economía. Algo más grave: su credibilidad. Y su credibilidad ante los propios ciudadanos.







