Uno de los mantras adoptados en Génova después de las elecciones europeas tiene que ver con la comunicación: “Falló la comunicación”. Después de conocer que había perdido más de dos millones y medio de votos, el PP parecía todavía dispuesto a hablar de “victoria” en las elecciones europeas amparándose en el podio; habían quedado –una vez más- los primeros.
Poco a poco, los cargos populares que van abandonando ordenadamente la burbuja que les protege de la cruda realidad empiezan a intentar explicarse –y explicarnos a los demás- qué ha podido fallar. Uno de los mantras adoptados en Génova tiene que ver con la comunicación: “Falló la comunicación”.
Mi jefe considera que esta excusa, compartida por cierto con el PSOE, lo que revela es un gran problema de época. El PP y el PSOE empiezan a formar parte ya de otro tiempo que se va alejando y en el que con estar bien posicionado en el telediario y regalar algún que otro titular ya está todo hecho.
La irrupción de Podemos ha demostrado, sin embargo, que la comunicación es otra cosa. Es estar en las redes sociales. Es estar en la calle. Es dar a la gente el mensaje que quiere escuchar. Y es ir a pegarse a los debates, destrozando al contrincante aún a riesgo de ser destrozado. La comunicación es arriesgarse.







