Creer que se hará una reforma fiscal para nuestro beneficio como personas obligadas a llegar a fin de mes haciendo dos comidas diarias es superior a nuestras capacidades para confiar. Nos hemos vuelto desconfiados, qué le vamos a hacer. Ser desconfiado no es una virtud, más bien todo lo contrario, pero nos han hecho. A la fuerza ahorcan. En los últimos tiempos hemos escuchado tantas promesas que no se han cumplido que ya no nos creemos nada. Mejor dicho, desconfiamos de todo, de lo que oímos, de lo que leemos y hasta de cuanto vemos. Por más que intentamos darle alguna oportunidad nueva a la confianza, el empeño se vuelve imposible.
Estos días anda de boca en boca, de página en página y de telediario en telediario el informe sobre el futuro de la fiscalidad elaborado por una comisión de expertos apodados de sabios. Se insiste en que es una panacea, que es lo que España necesita y que gracias a esas propuestas en cuanto se apliquen, esto va a ser jauja. Pero no hace falta que lo recuerde, nos cuesta creerlo, es decir, nos agobia pensar que una reforma fiscal pueda beneficiarnos a los ciudadanos de a pie.
Y lo hacemos sin entender gran cosa de fiscalidad y, lo peor, sin haber leído a fondo la propuesta, y con todos los respetos que nos merecen los sabios – creíamos que ya no quedaban – y de manera muy especial el señor Lagares que los preside. Pero con el realismo pesimista que nos han inyectado en vena, creer que se hará una reforma fiscal para nuestro beneficio como personas obligadas a llegar a fin de mes haciendo dos comidas diarias es superior a nuestras capacidades para confiar.
No hará falta añadir, mayormente por si a alguien del Gobierno le interesa, que el poder en general y lo que venga del tándem Rajoy-Montoro en particular, carece de credibilidad y, lo peor de todo, nos ha dejado a los ciudadanos con la confianza bajo mínimos. Ojalá me equivoque, pero como a otros muchos compatriotas la reforma fiscal que viene nos pone sobre ascuas. Para ser más precisos y concretos, ya nos tiene tiritando y eso que aún no ha sido aprobada.
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