CatalunyaCaixa prohíbe a sus empleados dar créditos y vender productos a familiares y conocidos. Mi jefe aplaude la medida y defiende su sentido. Llevamos en portada la siguiente noticia: “CatalunyaCaixa prohíbe a sus empleados dar créditos y vender productos a familiares y conocidos”. Y mi jefe se lamenta de que, efectivamente, hoy en día una medida similar tenga que ser noticia y no la norma que, como tal, pase desapercibida.
Para mi jefe es totalmente lógico evitar el trato profesional con familiares en determinados puestos en donde puede existir el riesgo de conceder un beneficio no merecido. Y recuerda que en otros ámbitos, como el de los mercados financieros, antes se andaba -en ocasiones- con mucho más ojo.
“Si estás sorteando pelotas de playa y tú eres el encargado del bombo, lo lógico es que tus seres queridos no acudan”, asegura. La lógica de este becario era más calvinista, olvidándose momentáneamente de que habita a orillas del Mediterráneo, y daba por supuesto que no había tratos de favor. O no demasiados. La ingenuidad del que empieza, ya saben.
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En CatalunyaCaixa ha imperado la lógica
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