Sin protocolo

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Ellos tienen a Berlusconi, nosotros a Correa, ambos son personajes intercambiables en una tragicomedia bufa de la sociología mediterránea. A los dos les pierde el lujo y el pito, uno en versión «de luxe» porque tiene poder y el otro en versión mozo de club de alterne.

A Correa le gustaba invitar a concejales del PP y como es un hombre llano les dejaba libre el protocolo, por eso decía que podían acudir «todos en pelotas» porque cuando la poesía viene desnuda como decía Juan Ramón no hay que buscarle más adjetivos. Y en pelotas «despelotados» se daban unas juergas con unas eslavas para ir haciendo patria y negocio, (esto sucede cuando se confunde ideología con necesidad). A mayor gozo mejores relaciones se establecían y muy estrechas.

Berlusconi ha perdido la inmunidad pero a él se la trae al fresco porque está convencido de que con su fama y su palmito se puede tirar a la Justicia y que ella le absuelva vía escrotal. Correa en cambio lo tiene más chungo, pero si le saliera mal el proceso podría vivir de los derechos de autor de los sesenta y cuatro mil folios de sus conversaciones. La detención de Correa ha sido una mala noticia para Movistar que ha perdido a uno de sus mejores clientes. Y lo mismo ha pasado con los concesionarios de coches y con los puticlubs de alto nivel.

Correa era parte del PIB nacional. A su manera, con ese estilo peculiar de llamar a la gente por sus apodos, «Curilla», «Albondiguilla», «Bigotes», Correa logró ser un poder fáctico, (o fálico), sin etiquetas ni protocolos.

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