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Amor a prueba de sujetador

La tecnología, partiendo de complejas investigaciones científicas, está llegando en socorro de los amantes impacientes y más que impacientes, desconfiados. Abrir un sujetador, mayormente la primera vez, suele ser un reto bastante engorroso, hay que reconocerlo. Pero el problema no es tanto de habilidad manual sino más bien de índice de amor que medie en el empeño. La tecnología norteamericana, partiendo de complejas investigaciones científicas, está llegando en socorro de los amantes impacientes y más que impacientes, desconfiados. Dentro de unos días – acaba de anticipar la revista “Time” – unos fabricantes de lencería final y, por lo que se concluye inteligente, van a presentar en sociedad un modelo de sujetador que responderá no tanto a la pasión recíproca de usuaria y partenaire sino del amor que les vincule.

A ver si me explico: el sujetador en cuestión es un artilugio que además de contribuir a resaltar pechonalidad de la usuaria, cuando se percata de una mano ajena por los alrededores acciona un chip que detecta si la intromisión responde a sentimientos amorosos sinceros o, por el contrario, es un simple escarceo para dar rienda al instinto sexual. Con él las mujeres pueden estar más tranquilas sabiendo si quien quiere ligar por lo directo va en serio o se conforma con una aventura. El sujetador a través de los latidos del corazón y de la secreción de catecolamina, sustancia que al parecer es provocada por el amor, revela si puede o no puede fiarse.

Pero no es ni ella ni él quienes tienes que accionar manualmente los accesorios de cierre y, por lo tanto, tampoco necesita distraerse en tan trascendental momento de las atenciones propias de la situación. Si hay amor en el trámite, el listísimo sujetador en cuanto se

percata de una realidad de atracción amorosa recíproca, no espera ni retrasa tan sublime momento: se abre de par en par como por arte de magia y deja al descubierto, para el consiguiente magreo se supone, lo que hasta ese momento con tanto celo venía protegiendo contra aventureros, salidos, intrusos y picaflores al acecho. En caso contrario, permanece hermético.

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Amor a prueba de sujetador

Diego Carcedo

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