El hasta ahora director de El Mundo se marcha. Algunos hablan de una maniobra política gestada en los despachos. Otros, de números rojos. Y algunos, de una combinación. El periódico El Mundo ya no estará dirigido, a partir de la semana que viene, por su actual director: el polémico Pedro J. Ramírez. El periodista riojano se marcha. El debate público se concentra, sobre todo, en el por qué. ¿Han sido las cuentas del producto, que llevan tiempo sin cuadrar? ¿Se la han jugado en los despachos? ¿Una combinación de ambas? Opiniones hay para todos los gustos, y si uno se asoma a las redes sociales lo puede comprobar. Desde periodistas y compañeros de gremio hasta simples lectores; todos parecen tener algo que decir.
Y mi jefe no iba a ser menos, claro. Él cita a su entorno más próximo –el de Pedro J.- para argumentar que muy posiblemente exista algo de maniobra política detrás de su marcha. A fin de cuentas, llevaba mucho tiempo manejando informaciones explosivas que debían escocer lo suyo en lugares como la Casa Real o la calle Génova, donde cada vez que se sacaba al extesorero Bárcenas en portada se montaba una rueda de prensa protagonizada por el plasma.
Sea como fuere, lo cierto es que su producto tampoco conseguía ser rentable. El por qué es otra incógnita que llevaría a otro debate, esta vez mucho más profundo, sobre la crisis que atraviesa desde hace años el mundo del periodismo y la sociedad española en general. La combinación de ambos poderes fácticos –el económico y el político- es la que ha abierto la puerta de salida confirmando, de este modo, una realidad histórica: Pedro J. Ramírez no es el primero ni será el último periodista que se marche de esta forma. En cualquier caso, es un gran profesional el que se va.







